
1975 Alberto Pujolar

1976 Salvador Fabá

1980 Tamurejo

1981 Antonio Bernal y su lápida sepulcral
Comienzan los setenta cuando Editorial Bruguera lanza su colección Selección Terror (1973). Ya en lo cinematográfico es un género consolidado: tipificado durante el cine silente, llevado a su sintaxis por la Universal en la década de los treinta. Remodelado más tarde, cuando la británica Hammer prosigue, a finales de los cincuenta, la vieja tradición terrorífica de su cine autóctono para ofrecernos su imperecedero terror a cuatricromía culminando el goticismo, cerrando un ciclo que ya respira en lo carnal. Sólo quedaba pues la actualidad, insertar lo terrorífico en la realidad diaria. Y es entonces cuando Bruguera propone a sus autores colaborar en su colección de miedo. Y allí tenemos a Ralph Barby que, por su cuenta y riesgo se sumerge en la actualidad presentándonos hippies, médicos primerizos en clínicas poco recomendables, psicópatas variados, animosas compañías de teatro vanguardista, locales infectos del hampa más baja, enfermos terminales de cáncer, universitarios en prácticas, esposas de la higt society adeptas al satanismo porque se aburren o coleccionistas de calaveras de hombres destacados en los más variados ámbitos…La vida diaria envuelta en lo mágico, en modernas urbanizaciones, pensiones parisinas, apartamentos, algún que otro caserón, yates y urbanizaciones…sin olvidarse de toda la tramoya folletinesca: enanos, gorilas que se encaprichan de señoras, modernos dráculas que regentan hospitales de rejuvenecimiento para millonarios, el mismo diablo in person, diablas que regentan prostíbulos para engatusar a maridos y así engendrar en sus esposas íncubos y súcubos de todo pelaje, ancianas que alquilan habitaciones e investigan con esmero la reencarnación, magos venidos a menos, espíritus que vagan enrabietados…

1976 con portada de 1983

1983 Almazán

1976 con portada de 1983 de Pujolar

1984 Sampere
La vida de cada día, pues, alterada por lo mágico, dándolo por sentado. Y sin el mal recurso de la patatera explicación científica, todo un acierto. Y todo, contado con una escritura eficaz, directa, de proximidad cutánea. Ralph Barby nos parece escritor volcánico, pródigo en ideas; urdidor, junto al lector, de aproximarlo en lo contado para envolverlo en su sintaxis, perfectamente folletinesca, ajustada al máximo al efecto dramático. Uno recuerda novelas suyas con especial placer en este género del terror. Yo, de ustedes, no me perdería títulos cojo “Broma de Carnaval”, “Pensión de París”, “Tengo miedo, ayúdame” o esa su magistral “Las Espiritistas de Modern-City” donde por efluvios satánicos, la carnalidad feroz entre la poseída novia de su hijo y el padre de éste, llegan a los ámbitos de una locura que se siente en su aberración y, más tarde, el monótono parloteo del hijo, finalmente asesinado, contagia al lector con la podredumbre de su zombismo supurador…Conocí a un camionero que leía las novelas de Barby conduciendo a todo trapo, yo me alarmaba de tal desatino, mientras él me sonreía, con una sonrisa abisal, como de cera en exvoto, adoptando pose de gorila desatado y enloquecido…menos mal que, después, me invitaba a una cerveza y mis ánimos se tranquilizaban un tanto. O no?

…José Luis López Vazquez ha sido capaz de transformarse, siempre con acierto, en mil personajes distintos. Eso, en personajes. Vamos, que es un actor. De hecho, el mejor actor del cine Español… (Galactus y Grace Morales- Mondo Brutto nº16)
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Portada del delicioso opúsculo de Manuel Valencia dedicado al actor (2002).
























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Cicero´s Cat – Al Smith (1902-1986). Comics aparecidos en Funnies (1936…) un mensual de la “Dell Publishing” y en Mutt & Jeff (1942…) de “All-American Comics Quarterly”, ambas de Nueva York.

la carne se expande

la carne estalla

la carne implosiona

la carne que taladra

la carne que piensa

la carne condimentada
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seis mujeres y seis tipos de carne fílmica…

Albert Schmidt nació en Brooklyn el año 1902 y cuando cumplió treinta años fue contratado por el señor Bud Fisher como ayudante para su serie cómica Mutt and Feff.
Que firmara Al Smith no se supo hasta que en 1954 el señor Fisher murió. Aunque ya desde 1932 era el propio Smith quien se encargara de la producción de su célebre dúo de pirados que aparecieran en 1907 en el Chronicle de San Francisco.
Fue el mismo Smith quien ideó la topper de Cicero´s Cat para las entregas dominicales de Mutt and Jeff, aunque las firmará su patrón. Cicero no era otro que el hijo de Mutt, y la gata que protagonizaba el topper se llamaba Desdémona, familiarmente Desi. El señor Al Smith murió a sus 84 años en un hogar para ancianos de Nueva York, habiendo dibujado con Bud Fisher en no menos de 350 periódicos y siendo traducido a 30 idiomas.






El hoy olvidado Cicero´s Cat, sin embargo, es una de las series más deliciosas que ha dado el comic. Pertenece a la estirpe de historietas que pudiéramos denominar descriptivas, las que buscaban su gracia en el desarrollo de la acción y no se fundamentan especialmente en el chiste o en el gag. Hijas de la observación y una especie de poesía emanada del paisaje y el movimiento de los personajes accionando en el ambiente, aquí no mera tramoya, sino parte integrante y personaje inmóvil de la propia acción.
En la serie, la gata Desdémona, por cierto dibujada por el señor Al Smith con gran sutileza, conocedor de ese mundo mágico y extraño que vive un gato en lea civilización, actuará frente a los estímulos que la rodean. Principalmente ante los objetos manufacturados por la propia civilización, también frente a ratones, seres humanos, perros y demás mobiliario urbano…hemos colocamos al inicio de esta retrospectiva el accionar de Desdémona frente al amor con sus congéneres gatos, en clara parodia del humano amor y sigue esta incomparable serie con muestras de su poético mundo, cuya sutileza va más allá del mero chiste adentrándose en lo poético. Historietas, pues, fabricadas en su propio lenguaje, en el decir de lo gráfico.























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Cicero´s Cat . Al Smith (1902-1986). Historietas publicadas entre 1936 y 1944 (más o menos)

1990 Boada

1997 Roca

2001 Roca

2001 Roca
Tópicos y humor. Los relatos del Oeste alcanzan tal tipificación, sus esquemas son tan específicos, su geometría interna tan delineada, que en los estertores del género como narración creíble ya sólo es el tópico la materia para hilvanar historias.
Es entonces cuando hay que recurrir al humor y a la desmesura, potenciando los nuevos ingredientes que, tras el deceso de la censura, afloran con rapidez: la violencia y el sexo.
Las normas de estos nuevamente tratados ingredientes, sin embargo, también se presentan: por una parte la violencia se hace descriptiva, a veces minuciosa y un tanto hiperrealista. Gustándose en un crudo nombrar de la muerte y sus formas. Alcanzando, en algunos autores, una plasticidad indudable y, a veces, rudamente poética.
En cuanto al sexo sus limitaciones son más evidentes. Se nombra, pero al contrario que la violencia, no se describe. Se dice, pero no se especifica. Lo que no impide que en algún caso roce lo poéticamente pornográfico (si es que existe la pornografía y no su concepción moral) Se apunta y se insinúa. Un paso más allá hubiera desfigurado el propio género
Los tópicos de los diferentes tipos de personajes que conforman el género alcanzan aquí, lo histriónico. Siendo el pistolero, el matador de hombres, casi el personaje por excelencia de estas narraciones tardías. Esta potenciación de lo tópico y característico trae consigo la disminución de la trama. Ya no importa tanto ésta como la descripción del mismo tópico, su recreación actuante.

2003 Roca

2003 Roca

2004 Benavente

2004 Benavente
Y no puede ser de otro modo, pues el tópico extremado diluye lo moral y la trama pasional se ve sujeta, asimismo, a su propio tópico. Los códigos morales ya no sirven para construir tramas, los argumentos ya no se tejen en ellos. Tan sólo aparecen como tipificaciones del propio género. Lo cambiante moral que comienza a circular socialmente se refleja en estas narraciones tardías.
Mas todo este entramado que constituyen los nuevos argumentos no se sostiene sin el humor (desde lo chistoso al esperpento) En los autores que no lo practican los argumentos pierden su antiguo vigor. Creer la narración ética que desprenden ya no es posible, las motivaciones que mueven a los personajes quedan desfasadas. Su problema es que, sin lo humorístico, han envejecido.
No obstante, en estas narraciones de género, cuyo argumento son los propios códigos del género, se dan destellos de vigor narrativo. Su discurso se monda hasta argumentarse en su propio esqueleto. Su crudeza se hace diáfana. Para ello, como siempre, es el propio material narrativo lo que lo sostiene: Las palabras.
Las nuevas palabras son los atisbos de su búsqueda, palabras crudas, sin tapujos. Por ejemplo: un hombre, de pusilánime pasa a ser una mierda. O un poderoso, antes un cacique, pasa a ser un cabrón. Las palabras, ahora, nombran viscerales. Lo tópico, pues, no sólo se adueña del argumento, sino que lo constituye.













Conti, ante todo, fue un humorista. Pero, ojo, de la sutil estirpe que va más allá de lo palmario y la gruesa risa de lo evidente. Pues para serlo es necesario percibir con fina observación la realidad circundante y conocer el mecanismo y el subsuelo de las relaciones sociales y la intrincada psicología que las genera. Además era elegante, mas de una elegancia sin aristas que, soterradamente, hacía fluir brutal. Evidenciando sin estridencias el profundo absurdo de la vida que nos toca.
Sus chistes, aún hoy, merecen antología, pongamos, con más necesidad que la del paródico gracioso nocturno con su actualidad televisiva inane y masturbatoria.
Fue en Tio Vivo donde Conti serializó el conflicto generacional que se da en las clases medias, esa natural ruptura entre los progenitores y su descendencia, con aquella su sutil atrocidad. Así, en Fortunato y su Perro, es decir, su hijo/a, nos describió esa ambivalencia del padre: el orgullo ante el hijo que, ya en una España otra y descaspándose superará su mediocridad y este, su otro odio hacía lo que no entiende, hacía la extrañeza de un mundo que ya no le pertenece.
Un patriarcado postizo en el que el orden, esa esposa con el horizonte de “sus labores” viviendo en su mundo ficticio, como ese otro, el del esposo, elucubrando autoridad. Y un hijo, digo perro, que por su parte, vástago del plan Marshall, preconiza un tanto el narcisismo ególatra de la sociedad del bienestar.
Desde los años cuarenta Conti materializó sus radiografías en La Prensa, Hola, Ondas, Lecturas, ABC, Blanco y Negro, Cu-Cút, Mata Ratos…

1975 por Salvador Fabá

1981 J. Núñez

1982 Bernal
La realidad no se deja observar. Permanece siempre agazapada. No es cosa ni objeto. Lo es en cuanto establecemos unos parámetros para medirla. La realidad es, pues, una ficción.
La realidad sólo se puede representar, pero al utilizar un lenguaje para representarla, con su representación vamos a representar otra. Así pues, la representación de la realidad es una cuestión de fe. Existen realidades porque las miradas son otras. La realidad admitida es una convención. Vivimos en ella y nuestra vida se confunde con su propia convención.
La realidad sólo se puede representar por medio de lenguajes. Nos referimos a ella con una abstracción, la representamos por medio de metáforas. La realidad es una metáfora. Nuestro pensamiento es otra metáfora, una superestructura civilizada, tan ajena a las realidades como lo humano a la naturaleza. Es decir, ya no somos, nos son los lenguajes.

1982 García

1982 Desilo

1982 Fabá

1983 Pujolar
No menos de cincuenta lenguajes tipificados aprende un ciudadano a lo largo de su vida, siendo uno de ellos el de su propio trabajo. La realidad es pues una mezcolanza de signos que se corresponden con su propio discurso.
Fue propicio el final de los sesenta al planteamiento de otras realidades. La popularización de las drogas como mercancía alcanza entonces todos los hogares y la población le coge gusto a su simulación. En el nicho juvenil, es lo musical el propiciante de su secularización. Desde el barroquismo ornamental del pop psicodélico anglosajón a la salmodia iterativa del West Coast, el viaje se pone de moda. El Krautrock especula en sus alcantarillas y hasta el mismo Stockhausen se centra sobre el asunto en su matemática musical. Autobuses lisérgicos se flotan para su propagación, desnudos almuerzos desmenuzan las palabras…y no podía ser menos este pop de portería que es la novela popular, proponiendo en la ciencia ficción las más absurdas de sus especulaciones…luego vendría la iglesia, las iglesias, con sus ataques de celos como eternas propietarias de lo absurdo, como gestoras de la sinrazón. Y, a su lado, la policía.

















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de “El Rabioso Dolor y otros bienes de Consumo” Chumi Chumez 1971 (Editorial Fundamentos)












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Caza Mayor. Editorial Ruiz Romero 1966




La novelista de relatos románticos siempre pisaba terreno movedizo, ya que la naturaleza de su narración toparía con una censura eclesiástica más vigilante que la sufrida por el novelista de evasión aventurera pues, dirigida «A la mujer, tesoro de encantos y de…ignorancia» tal como dedicaba su libro el doctor Clavero Nuñez a la casadera, aún suavizándolo con falsos lugares comunes «aunque la candorosa mujer suple su ignorancia con su fina intuición» la censura, es decir, el cumplimiento obligatorio del Canon 1385, parágrafo 1º, número 2 del Código Canónico, era implacable en estos menesteres de preservar su mencionada ignorancia.
Pero ¿qué era la mujer? Tan crucial asunto quedaba perfectamente expuesto en «Antes de que te cases» un texto de formación prenupcial consejero para los casados en su vida conyugal. En sus primeras páginas, dedicadas al apetito sexual, la luna de miel y el viaje nupcial, exponía la esencia de la cuestión «No existe más que una posibilidad natural y legítima de saciar el apetito sexual: el matrimonio; y, dentro de él, al satisfacerlo, no se le quite al acto su natural y espontánea fuerza procreadora»…»cualquier otra manera de satisfacer la sexualidad o es perversa, o es ilegitima y siempre ilícita. Así son luego sus consecuencias materiales: enfermedades, ruina, hijos ilegítimos y hasta el crimen»
Y pasaba a enumerar una serie de elucubraciones que nuestra novelista no podía transgredir so pena de no ver publicado su libro. Citemos algunas, pues, a modo de vademécum.
«Te ennoviaste porque sí, porque te gusto él, pero no porque sintieras hambre sexual…»
« Ha sido posteriormente cuando él, quizás con una caricia banal, te hizo sentir algo que nunca habías experimentado; el deseo de abandonarte, de entregarte a él, sin saber para qué…»
Y prosigue…»¡Cuidado!: estás en una situación crítica, te ronda el peligro del que debes estar prevenida. Ha llegado el momento de que de tu flaqueza saques fortaleza y, te cueste lo que te cueste, por nada del mundo hagas anticipos»…ya que «cuando estos anticipos no tienen consecuencias ostensibles, la noviería corre el peligro de eternizarse. Apaciguado el deseo que con más vehemencia impulsaba hacia la vicaría, no tiene nada de extraño que se moderen las prisas de boda»




En cuanto a la elección del esposo se aconseja a la mujer «Como la imperiosidad urge ante la brevedad de nuestra vida, no puede diferirse la búsqueda y hay que contentarse con aquella mitad que más se parece a la nuestra…»
Y una vez casada no acaba la cosa « En el cumplimiento de la más grata de las obligaciones (cumples con una importantísima cuando te das a tu esposo) Es un imperdonable error la negación al esposo del débito conyugal. La mujer no debe, bajo ningún pretexto, negar a su marido lo que le pertenece». Ya que… «Muchas mujeres se lamentan de las infidelidades de sus esposos, y no quieren darse cuenta que fueron ellas las culpables de la traición…no hay que olvidar que la generalidad de los hombres necesitamos una amante (el que necesita más, además de un anormal, es un indecente) y que, si no tenemos suerte de encontrarla en nuestra esposa y carecemos del suficiente freno moral, la buscaremos en una extraña» Lo que reportara variadas enfermedades venéreas que, al fin y al cabo, pagará la esposa… »Por incontinencia sexual, prematura e ilícita, son muchos los jóvenes que adquieren estas enfermedades al comprar sus encantos a mujeres que se venden.¡Qué asco!, ¿verdad?… aunque la mayoría de los hombres que tuvieron algo en su juventud se someten a examen médico cuando se deciden a casarse…»
Este tipo de perversos manuales, en fin, explicaban a la mujer católica de ayer y hoy. Y la novelista de relato romántico no podía escapar a estas degradantes reglas o, más bien, cruzar sus límites. Ofreciéndonos verdaderos malabarismos para escribir un relato que medianamente interesara a una lectora que, mayoritariamente, necesitaba satisfacerse. Y así, fue en el contexto de la misma novela, en las situaciones creadas, en lo perverso que, necesariamente, tendría su final canónico, donde se dio rienda suelta a una novelística que, en muchos casos, rozó la maravilla.







Profesor Tenebro fue uno de aquellos personajes que asomaron a la revista Tio Vivo cuando un grupo de dibujantes abandonó la férula de editorial Bruguera para crear su propia revista y editorial (Der). Buscaban, aparte de una mayor libertad creativa y de las otras, hacer un «semanario de humor para mayores» tal como rezaba su cabecera.
Los valientes guerrilleros duraron poco en su aventura y tras un año de lucha en un mercado imposible por mediatizado, regresaron a Bruguera pasando su semanario a engrosar la nómina de cabeceras de la editorial Barcelonesa. Cinco fueron los osados: Cifré, Conti, Eugenio Giner, Peñarroya y Escobar. Aquí, este último, don Josep Escobar, creó esta deliciosa serie macabra en formato chiste que, junto a otras de compañeros, cerraban la revista a tres tintas. Celebrado colofón acompañado por, recordemos, la fea Rosalía del genial Cifré, un imprescindible Caco Bonifacio de Enrich y una flor mayúscula de invernadero que fue Fortunato y su Perro de, imposible el adjetivo, Conti (que procuraremos asomar al blog imperativamente)
Profesor Tenebro, así, nace en 1957 dentro de esa magnífica contraportada de la que hablábamos y, más tarde, tras la adquisición del Tio Vivo por Bruguera, asomará de cuando en cuando en su penúltima página, esta vez en blanco y negro.
El costumbrismo Escobariano está presente en este profesor vestido de luto con una eterna araña colgando de sus cabellos y esa su chistera desvencijada de enterrador. Y, al contrario que ese otro gran fabricante de lo monstruoso que fue Alfons Figueras, su humor no está basado en la referencia erudita del terror, sino en la menesterosa vida de su tiempo, en la miseria de sus deambulantes, en la necesidad de ir a comprar a la tienda el mismo horror, aquí chapucero y de baratillo, del burgués que no llega a fin de mes.
El Profesor Tenebro era eso, un profesor que enseñaba a morir de forma económica, sin invocar un más allá que estaba acá, en el pequeño horror menestral de cada día. Fue el terror de la miseria, véanse esas tiendas-tenderos de barrio desconchado. O esos otros, los que se topaban con Tenebro, resignados seres que miraban con aire de ausencia. En fin, la maldad en el subdesarrollo, en el barrio mísero como lugar de operaciones de este malvado autodidacta que no invoca lo sobrenatural porque el delirio, lo obsceno, esta en la calle y en la miseria.
Terror, pues, el de Escobar, presente. Aprendido en el doctorado de los días que no son el mito.








Para saber todo lo que debe saber sobre este extraordinario historietista es imprescindible el libro de Antoni Guiral y Joan Manuel Soldevilla “El Mundo de Escobar” (Ediciones B). Un concienzudo y ejemplar estudio sobre la esforzada vida y obra de este polifacético artista.





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Ustedes no lo sabrán pero El Abuelito, además de tener un desván, posee en su casa solariega un subsuelo que en su tiempo fueron extrañas y laberínticas cuevas, quizá estemos hablando de catacumbas paleocristianas por el osario que se deja ver junto a numerosa acumulación de grafías de peces ( yo diría que merluzas ), donde también fue acumulando material impreso sin clasificar…pues hacia allí partimos de vacaciones, a las lobregueces húmedas repletas de animales ciegos, insectos en su mayor parte, que se arrastran informes en busca de atrocidades impresas, para evitar que se almuercen los papeles allí sitos…mientras tanto dejamos aquí para el lector unas bonitas páginas del número extraordinario del Tio Vivo que se publicó en febrero de 1958, para que se entretenga y siga con esto del verano cinematográfico…Hasta la vista!!!


Que nuestra vida está secuestrada por el tiempo no cabe duda. Y que ese tiempo nos es confeccionado y rellenado por otros, lo venimos llamando vivir. Un vivir ajeno adobado con el sonsonete de creencias y valores. La impostura del tiempo, su imposición, se aprecia más en verano…cuando, allá en la lejanía, bajo la noche estrellada, percibimos su esqueleto, aquello que éramos y se esfumó entre hipotecas.
Así que, olvídate de la actualidad, magreada, manufacturada para ti y el otro. Y sumerge el calor en el remanso de lo que fue y, hoy, cobra nuevo significado, ajeno al de su ya caducada intención. Mira cine este verano, mientras aquí ya el verano nos pudo y se parte de vacaciones hacia una pantalla, también, donde descansar en la nada, en el tiempo cero que no cuenta.
¿Cómo hacerlo?…por ejemplo viendo viejo cine ajeno al superhéroe de turno y a la gilipollez de la gamberradita generacional. Imagínate que has muerto y disfrútalo. Paremos el tiempo, ahora que nos dejan, y retornemos al ovario primordial, allá donde no teníamos nombre…
Primera Parte – Parémoslo con Ellas.

Podemos ver a la señora Keyes en “Aladino y la Lámpara Maravillosa” de Alfred.E.Green (1945). Un aperitivo divertido para ir quitándose la caspa de todo el año. Se recomienda verla descalzo y rascarse abundantemente.

A la Scala podemos contemplarla en un papelito corto que no aparece en los créditos, pues hace de esposa de Manuel ( Nestor Paiva) en “Sólo el cielo lo Sabe” del melodramáturgo Douglas Sirk ( 1955 ) recomendable para las señoras con Chalet que quieran ponerle los cuernos a su marido con el jardinero y quitárselo de encima una temporadita.

“Era el comandante Callicut” de Felix.E.Feist (1952) nos dejara contemplar a la señora Wymore junto a Randolph Scott, el hombre que se reía muy pocas veces. Aquí deshaciendo el entuerto de un brote secesionista en nuestra querida California.

A Capucine, que andaba como de puntillas por la pantalla y se pasó “Alaska, tierra de Oro” practicamente durmiendo, la veremos en “La Gata Negra” de Edward Dmytryk (1962) aquí el señor Laurence Harvey buscará a su amada para acabar encontrándola en un burdel envuelta en amorios con una lesbiana. Para esas noches en las que se está desvelado y trascendental.

“La Vida privada de Sherlock Holmes” de Billy Wilder (1970) sera la elegida para Genevieve Page. Película ésta que, queramoslo o no, es una obra maestra del no menos maestro don Billy. Holmes en su salsa, léase cocaina. Y para completar, sale el monstruo del lago Ness. Para tomarse un coñac.
Segunda Parte – Parémoslo con Ellos.

Aquí somos fans de don Budd Boetticher, el director de cine, que no el de los ascensores. Por eso para el señor Ray Danton, nos veremos “La ley del Hampa” (1960) tardío intento de serieB criminal que nos narrará la ascensión y caida en eso del hampa de Legs Diamond. Tras su visión nos tomaremos unos chatos en la taberna más cochambrosa que tengamos a mano y le contaremos al camarero nuestra pésima vida sin olvidar la propina.

En caso de querer estar contentos no estará de más ver la película de Raoul Walsh, quítense el sombrero, “Gentleman Jim” (1942). En ella compararemos nuestra dentadura con la de Errol Flynn, y una vez repuestos aprenderemos que, por aquel entonces del film, se impuso el calzarse unos guantes de boxeo para protegerse los nudillos y otras reglas de cortesia del líarse a mamporrazos.

En noches de mucho ajetreo de estrellas fugaces no nos podemos perder “La Semilla del Espacio”, también conocida como “El día de los Trífidos” de Steve Sekely y Freddie Francis, nuestros viejos conocidos de terrores sin fin, que realizaron esta película en 1962. Podremos regocijarnos de cómo unas plantas espaciales dejan ciega a la población. Podemos verla ciegos nosotros también, pues es de más efecto.

Como es verano y andamos en calzoncillos todo el santo día, tenemos al señor Calhoun para que nos enseñe a llevarlos con porte en “El Coloso de Rodas” de el admirado Sergio Leone (1961). Incluso nos adentraremos en el interior del Coloso y comprobaremos que está fofo. Este film se puede ver en chanclas y atiborrarse de lo que sea.

Entretenido film de Alexander Hall es “El Difunto Protesta” (1941). Versión de la obra teatral El cielo puede esperar, de la que se hizo otro filme posterior muy empalagoso y deplorable. En éste podremos admirar de nuevo a Evelyn Keyes, con la que comenzábamos, haciendo de coprotagonista con el señor Montgomery. Y no olviden en sus vacaciones que, en cuanto llueva, hay que salir a coger caracoles.
…….No se cansen mucho en sus vacaciones. Aquí, en la redacción, ya sólo quedo yo y, si encuentro las llaves, cierro y parto al espacio Sideral junto al Almirante Aznar.




Pude ver al señor Arizmendi con motivo de un homenaje que se le tributaba a la colección Luchadores del Espacio. Permaneció entre el público, pues ya no tenía fuerzas para ocupar un estrado donde sus compañeros de profesión nos fueron desgranando los avatares del oficio. Por entonces ya era anciano, muy anciano. Tanto, que le acompañaba su hija, orgullosa de su padre, sabedora de los sinsabores que le aportó su profesión y la vida, acompañándole, a sus 92 años, en el reconocimiento a su intensa labor literaria que sobrepasaba las seiscientas novelas. En cuanto el público asistente se percató de su presencia, atronó una ovación.
Alf Regaldie comenzó a escribir en la cárcel, donde fueron a parar sus huesos tras la guerra civil, represaliado por un franquismo obcecado en el castigo a los que, como él, lucharon a favor de la República.



Hay escritores de novela popular que basan su técnica en el diálogo escalonado, enlazándolo, con sólo leves apostillas sobre los sentimientos o tono del hablante, situando brevemente sus emociones o pincelando el ambiente. A este tipo de novelistas, parcos en descripciones, y esencialmente contadores “en directo” pertenece Alf Regaldie. Que apenas cambia su técnica durante su dilatada labor escribiente. Epítome de esta manera literaria es ML Estefanía, como lo es Keith Luger.
Alfonso Arizmendi está muy próximo a Estefanía. Mas sin su aspereza y tosquedad, pues Regaldie es un tanto más pulcro en el referir. Hoy su escritura es deliciosamente camp, menos zarrapastrosa que la del referido Estefanía pero, también, carente del morboso vigor de ésta. Sus historias del Oeste se desarrollan en un mundo moral y seco, ajeno a lo poético y a lo humorístico. Sus héroes son esos seres “buenos” abocados a vivir en el devenir de los malvados, luchando por desembarazarse de ellos y de sus bajas pasiones.



Su diferencia con Estefanía, ya dije, es su respeto por la ley. Sus héroes nunca son tan salvajes y ajusticiadores como los de aquel y no disfrutan hasta el paroxismo vertiendo sangre moral. Pues Regaldie es escritor pulcro, desarrollador de una y mil historias en las que la pasión mueve a sus personajes, envueltos y acosados por seres despreciables que, como en su propia vida, emplearon la fuerza para imponer sus razones.
En un principio trabajó para la Editorial Valenciana en sus colecciones Florida, Policía Montada, Comandos, Luchadores del Espacio…y a finales de los cincuenta continuó escribiendo para Toray y Bruguera. Pues este fue su exclusivo oficio, el de Novelista.
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Las portadas de Luchadores del Espacio son del maestro José Luis Macías. Siguen dos portadas de la Colección Comandos realizadas por Tomás Porto y, de nuevo José Luis.
Las tres primeras portadas del Oeste son de los años 1959/1959 y 1962 respectivamente.
Y acaba la cosa con una portada de 1964 realizada por Miguel García / 1964 con cubierta de Antonio Bernal / y 1966 con ilustración de Jorge Nuñez.

Define Bourdieu al creador como sujeto de su propia creación. Por tanto, distingue dos clases de obra en el campo artístico: las que son producto del medio o del mercado y las que producen su propio mercado.
Es el creador, ante el objeto de su creación, quien determina la obra. Ya que ante el objeto se pueden adoptar distintas posiciones, que son tantas como percepciones de la realidad sea capaz de experimentar el propio creador.
Ya que se oculta la realidad tras una doble apariencia, la del objeto/sujeto que la contiene al ser observado y la del propio observador que, no sólo la descifra, sino que crea una nueva. Así pues, el campo de la creación es múltiple y sólo puede tener un valor en el mercado si su percepción es susceptible de ser medida moral. Si nadie, como parece, queda sustraído a una valoración ante lo otro, ante lo observado. Si una cosa es en cuanto enfrentada a otra, las diversas variaciones, matices, de lo genérico (o lo genérico mismo, lo ecuménico) es la materia de la propia creación.
Las formas que obedecen y son producto del propio mercado, son más necesidades de la industria que del propio autor.





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Al contrario que las aceitunas rellenas, los animales sin hueso no es que no piensen; es que tienen un único pensamiento: satisfacer imperativamente su estímulo. Las simples aceitunas se adentran tontamente en el peligro de una boca, y los invertebrados obedeciendo a la química matemática, propagándolo. Creando el peligro fofo del sencillo y primigenio atavismo que es el devorar. Cualquier cosa, a todas horas.
Para el invertebrado el mundo no es más que comida, deglución…y todo es susceptible de ser corroído. Por lo demás, si nos alcanza esta muerte estomacal, de mucho jugo gástrico en danza, la muerte es lenta, extremadamente tediosa y horrible. Tanto, que hasta uno tiene tiempo para pensar como va siendo devorado, disuelto, medio entre mucílagos, allá en el estómago del animal.
Es muerte con babas y películas cubrientes; de elaborados capullos y ácidos corrosivos. Una semblanza de un seno materno que no es principio, sino final…la conciencia de seguir siendo un invertebrado bajo la necesidad de la satisfacción como pensamiento único.
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Con portadas de 1- Chacopino / 2 y 3- 1978 y 1982 de Miguel García / 4- 1983 Almazán / 5- 1984 de Martín.






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Ante el dolor se huye, pero ¿adónde huir con tal joroba si todo está ocupado? Y hasta en los bancos del parque y las sendas con setas asoma el recaudador.
El dolor, parece ser, no nos corresponde y visto está como indigna lepra. Para eso nacieron las tiendas, todo tipo de tiendas. Desde el modesto tapón de corcho hasta la esperanza tienen su envoltorio, y su vendedor. Para los males del espíritu y de la quebrada voluntad también está la modesta publicidad en papel de veinte gramos y tinta reciclada de impresora. Publicidad sin agencia, de modesto clip-art. Que lo mismo vale para un mal de amores que para amarrar al otro o ver a tu enemigo postrado de rodillas.
En la Europa sostenible se llaman Parroquias…y hasta editan periódicos y manosean televisiones.





















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Ilustró Pertegas multitud de textos que contaban miscelánicas historias en las páginas de las revistas Jaimito y Mariló de la editorial Valenciana. Eran sus últimas maravillas, pues sus días declinaban. En ellas dio magistrales lecciones sobre la utilización de la textura para representar la tierra, el mar o el aire…dejando claro que esas sabias texturas eran la línea que dividía la plana representación del trazo dramatizado. Su economía estaba sustentada en ese signo que representa la textura, su densidad, su dirección, su carácter…puede el lector recrear todo el phatos Pertegasiano en estas viñetas catastróficas, negras y apocalípticas de las que era un maestro.




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Al igual que James Gandolfini, nuestro amigo Sinatra nació en New Jersey, y como todos sabemos fue cantante. No de los que asombran con una laringe en un más difícil todavía y así escuchen los de las últimas butacas, pues fue pionero en la utilización del micrófono y los altavoces. Cantaba como recitando, contándonos historias cual una conversación entre colegas. Eso hacen los buenos cantantes populares. Antes, fue vocalista en las orquestas de Harry James y en la de Tommy Dorsey.
Cono actor fue inocuo. Mas aún se le puede ver danzar y recitar alegremente en Un Día en Nueva York (Stanley Donen 1940) o en Levando Anclas (George Sydney 1945). Recomendables para ver un fin de semana o entre semana.
