…….
La fascinación humana hacia la máquina, hacia el utensilio, se pierde en la noche de los tiempos. ¿Hasta dónde hubiera llegado el desarrollo de la mente humana sin el apósito del invento? ¿Continuaríamos entre las ramas del ancestral árbol?… No, no hubiéramos sobrevivido a la dentellada del depredador per se que nos rondaba impertinente…todo comenzó tras la firme determinación de empuñar la mítica quijada de asno, así se inauguró el primer atisbo de ciencia práctica. Inventemos pues, inventemos…sin parar, hasta nuestra total sustitución, hasta el abandono definitivo de la vil Naturaleza, nuestra congénita enemiga…abajo el Rousonismo y sus arcadias inexistentes. De nuestra naturaleza no debe quedar ni su recuerdo…Seamos cosa.
( John Fox Quevendall – ” Más allá del superhombre” Fístula Mater Ediciones 1917)
Ann Blyth – 1928 Mount Kisco. NY
Ya a sus cinco añitos cantaba en las estaciones de radio con una voz insufrible (todo sea dicho). Un poco más crecida actuó en los escenarios de Broadway y ,a sus quince, ya hace sus pinitos en los musicales Hollywoodienses de la Universal.
No estará de más verla en el film “Alma en Suplicio” (1945). La imperecedera adaptación que realizó Michael Curtiz de la novela de James M. Cain “Mildred Pierce” (1941). Novelista que en palabras de Harold Strauss…”podía revelar los impulsos primarios de la codicia y el sexo en menos palabras que cualquier otro autor que conozcamos”…Aquí, Ann Blyth, hace de hija malcriada de Joan Crawford. Madre que se sacrifica por ella obcecadamente en medio de una sociedad sin escrúpulos, zafia y corrompida. Como vemos, el mundo no cambia ni un ápice. Imprescindible.
Cornel Wilde – 1915 Nueva York.
Fue un clásico en el cine de Aventuras del Cinemascope chillón. También, en su juventud, miembro del equipo Olímpico de Esgrima. Lo que le aporto cierta compostura estética para la acción filmada. Dirigió ocho películas, y entre ellas su obra maestra “La Presa Desnuda” (1966), donde dirige un safari en el África misteriosa que acaba como en “El malvado Zaroff”, siendo perseguido por los miembros de una tribu que, si le dan alcance, lo mataran. Antes el jefe de la tribu le dará la posibilidad de escape dejándolo desnudo (entiéndase con un pantaloncito) y un cuchillo para que en su huida se defienda de los perseguidores y de las fieras, que también les apetece tal presa. La idea le vino al bueno de Wilde de la historia de John Colter que, allá por 1809, fue perseguido y escapó de los indios Pies Negros en el desierto de Arizona. Una Maravilla.
Susan Hayward – 1917 Brooklyn. Nueva York.
Si te llamas Edythe Marrender Pearson y quieres ser actriz en eso del cinematógrafo, hay que cambiarse de nombre rápidamente. Así lo hizo Susan Hayward. Que se fue a Hollywood para entrar en la carrera circense del protagonizar “Lo que el viento se llevó”, teniendo suerte de no conseguir un papel en tan desastrosa película.
Escogeremos el film “El Conquistador de Mongolia” Dick Powell (1956) en el que hace de Tártara y por ser maldito; ya que, rodado en el desierto de Utah se dice que del equipo compuesto por 220 personas, 91 de ellos se contaminaron del polvo radiactivo que esparció el ensayo nuclear de Zucchini (1955) y 46 murieron en poco tiempo de cáncer. Y Susan lo pescó.
Película maldita que Howard Hughes se negó a estrenar (sólo en 1974 un copión fue emitido por la televisión). Tambien lo interpretan John Wayne, que hace de Ghengis Khan, Agnes Morehead, Pedro Armendáriz…merece la pena verla, pues , para teorizar sobre el porqué el señor Hughes no paró de visionarla privadamente durante los últimos años de su vida. Misterio.
Humphrey Bogart – 1899 Nueva York.
El hijo de la dibujante Maude Humphrey iba para médico, como su padre, que era cirujano. Combatió en la primera guerra mundial en la marina y su barco fue alcanzado por un torpedo. Y fue entonces cuando una astilla de madera desprendida por la explosión le fracturó la boca, siendo así como adquirió su particular manera de hablar a pesar suyo.
Aclamado actor de cine negro también hizo su escarceo en el Western. Como en “El Chico de Oklahoma” Lloyd Bacon (1939). Donde con su banda de forajidos asalta diligencias, pero el pistolero Jim Kincaid “El Chico de Oklahoma”, que no es otro que James Cagney, le roba a su vez el botín. Después el padre del “Chico” será quien pretenda desmontarle el negocio de Salones presentándose a la alcaldía para acabar con él, y claro, Bogart, aquí enfundado de pies a cabeza de negro sepulcral la emprenderá contra el vejestorio ejemplar. Rareza.
Mona Freeman – 1926 Baltimore, Maryland.
Resulta que no nació en Nueva York, pero da lo mismo. Fue el magnate Howard Hughes, que estaba en todas, el que se fijó en esta modelo que trabajaba en Nueva York y la contrató para el cinema de Hollywood.
Apacible actriz que, de cuando en cuando, aparecía en comedias blandas, Westerns o en episodios de Perry Mason, Maverick, Caravana…Su mejor intervención puede que fuera en “Cara de Ángel” Otto Preminger (1952). Aquí apreciaremos a Mona en un buen papel secundario mientras contemplamos a una Jean Simmons perversa hasta la médula, manipuladora, enferma mental, enamorada de su padre y odiadora de su madrastra ¡qué más podemos pedir!. Especial atención a la banda sonora de Dimitri Tiomkin, fantástica.
Harry Belafonte – 1927 Nueva York.
En realidad, más que actor, que lo era y malo, el Belafonte era cantante. “El Rey del Calipso”, como inmerecidamente le adjudicaron. Ya que en este género musical nacido en la isla de Trinidad y ejecutado con una percusión a base de bidones de petróleo de 55 galones canónicos y que dan hasta 14 notas diferentes, habían mejores y más verdaderos calipseros que en sus edulcoradas interpretaciones. Así, mejor escuchar a la TAPSO (The All Percussion Steel Orchestra) para apreciar mejor el calipso cabal.
Por ver algo de Belafonte, bien pudiera ser “Apuesta contra el mañana” de Robert Wise (1959) el de las magníficas películas fantásticas. Film entretenido sin más, negro él, sobre el racismo. Aunque lo mejor es su reparto, con Robert Ryan, Shelley Winters (siempre maravillosa), Gloria Grahame…Se deja ver en estos días invernales.
Una de las reglas no escritas del bolsilibro consiste en la “necesaria” incorporación del elemento amoroso dentro de la trama. El héroe, forzosamente, debe acabar junto a la heroína, y lo digo también con segundas intenciones. Y si la cosa culmina en la promesa de un horizonte con familia, mejor que mejor.
Los novelistas, ante tal disyuntiva editorial sorteaban el trance con variada munición. Unos colocaban en el relato este componente amoroso como en calzador, reservando para los últimos párrafos de la novela la consecución del feliz acontecimiento. Aparecía, pues, la mujer como un aditamento postizo, embutido de cualquier manera y sin aportar nada esencial al mismo relato. Otros, como en el caso que nos ocupa, lo consideraban desde su comienzo elemento importante en su narración, pieza dramática, contenida en la misma esencia de la trama.
Asi. el señor A. Rolcest nos fue obsequiando con sinceros y variopintos elementos femeninos, minuciosamente construidos dentro de lo popular. Y no en pocas ocasiones, la mujer alcanza en sus relatos la solución de protagonista principal. Mujeres, así, en A. Rolcest, que no son meros elementos de apoyo para tiempos muertos, sino el porqué del mismo relato.
Puede que sea el género del Oeste el que más se impregnó de lo Romántico allá en aquellos periódicos populistas que nacieron en unas ciudades norteamericanas creciendo vertiginosas junto a la anárquica alfabetización de sus lectores, que acabarían imponiendo su lenguaje. Sus preferencias.
Su estructura narrativa es el propio “arrebato” de lo romántico, no en vano nació de su lenguaje, en su gramática de imprenta. Y no en balde las “novelas de vaqueros” eran pieza de gusto de las lectoras. Una breve indagación en los puntos de venta y cambio confirmará al curioso lector tema de interés tan capital. Las mujeres en A. Rolcest tienen carácter, ambiciones e individualidad. Y nunca son pieza a “quebrar” y rendirse ante la excelencia de lo masculino. Piensan y no se limitan a un papel de abnegado apoyo. Tienen necesidades y las expresan claramente.
Tampoco son idílicas, ni remansos de estereotipo. Sus pasiones, en su caso, las corroen y emocionan. Y sus amores, también, no las disuelven necesariamente.
Por otra parte, lo narrativo en A. Rolcest produce aquella impresión que se da en el cine clásico. Pensamos en esa cámara que no se encabritaba, no se evidencia para dramatizar y apenas se nota.
Así, cuando el artificio pasa desapercibido, lo narrado se remansa y surge la intimidad, y se narran pasiones. Claro ejemplo es el señor Rolcest en la culminación de una etapa de la novela popular que, desde los cincuenta hacia los finales de la década siguiente, consideramos la de su clasicismo. La culminación de anciano folletín que desarrolló, ya como lenguaje, todo su muestrario.
Narrador justo y diáfano. Adornando lo comedido, urde tramas por encima del primario suceso aventurero, espina dorsal de todo relato popular que, por otra parte, el novelista no deja de lado. Muy dado, también, a la variación temática, para ser más narrador de dramatismos civilizados que de tormentosas andanzas de pistolero. Muy a menudo sus historias se entraman con su creencia en el progreso y la técnica. Con su predilección y gusto por los ingenieros, levantando el porvenir, civilizando, aún honestos en su tipificación narrativa.
Don Arsenio Olcina Esteve nació en Alcoy, y en su narrar se nota. También dirigió durante la guerra civil el periódico “Línea de Fuego”. No narraba hechos históricos. Lo suyo era la novela popular.
Seguido de algunos antecedentes…
…Y otras etiquetas variadas.
Cuando hablamos de naranjas nos referimos al Citrus Sinensis, el fruto del naranjo, acido y dulce a la vez, cuyo zumo ocupa más del cuarenta por ciento de su volumen. En resumen, un Hesperidio carnoso con once gajos repletos de jugo.
Originario de China se introduce como plantación regular en las huertas de Oriola a finales del siglo XVIII, en sustitución del trigo y el maíz. Árboles de estas explotaciones son llevados a Carcaixent en 1781 y, así, la rivera del río Xúquer va poblándose de naranjos. Aquí introducidos en terrenos arenosos beneficiándolos de estiércol y riego, generalmente extraído de aguas subterráneas.
Es a mediados del XIX cuando surge la necesidad de envasar la naranja en cajas para su transporte. Asi nacen las “marcas”, para identificarlas en las subastas del mercado británico. Será la litografía sobre papel su principal vehículo, reservándose estampaciones sobre papel seda, envolviendo cada pieza de naranja, para las calidades más excelentes y exportables. Este será el motivo por el que sus diseños y marcas irán cambiando pese a tratarse de productos de un mismo huerto y zona. Los motivos para su diseño, así, son variados. Obedeciendo a esa característica tan valenciana tendente al exotismo, la grandiosidad y cierto humor desaforado tan típico del aborigen huertano. Ejemplar éste, chusco y soñador, embaucador y bocazas, pesetero donde los haya. Proveniente de una cultura, la huertana, donde los efluvios del matriarcado son potentes y la matrona conserva su importancia.
Las marcas presentan motivos variados, ya que su exportación es la naturaleza de su etiquetado. Así, colocar al nieto/a heredero será motivo celebrado, los variados animales que pululan por el entorno de las alquerías, la mujer como parte de este fruto y cuyos gajos forman parte del chiste escabroso más socorrido, referencias al folclore de la España romántica y, en general, el desvarío más variopinto…todo ello amparado en excelentes talleres litográficos.
Lo real y lo seguro lo afirmamos en la tierra.
Este planeta, que muy bien hubiera podido denominarse planeta Agua, es la Tierra. Así, también, la tierra es madre, y dejamos el cielo para la elucubración y el agua para lo incógnito. El suelo que pisamos es nuestro apoyo, a partir de él nos individualizamos y pisamos tierra firme, entonces existe la certeza. Pero ¡Ay!, si nos caemos no somos nada, si el equilibrio se descompone estamos a merced del acaso.
Sin embargo nuestro andar es epidérmico, nos sentimos seguros en las superficies. Porque bajo la apariencia (el firme suelo) se encuentra lo telúrico, el ciego subsuelo, la morada muerta. Sin la tierra a nuestros pies somos presa del vacío. Y en el trayecto hacia la propia perdición dejamos de ser disueltos en miedo, en la incertidumbre que, sin embargo, sabemos, nos aniquilará en trayectoria sin dolor.
Soñamos que caemos cuando la seguridad de ha esfumado. Nos precipitamos al vacío y, mientras tanto, comprobamos la artificiosidad de nuestro pensamiento, su parodia de certezas de andar por casa, en el suelo. Cuando el suicida se precipita en el vacío, su razón es el delirio, el afrodisíaco de su disolución. Y es en esa pequeña fracción de vida volátil cuando se da cuenta el precipitado de su inmenso error. Le hubiera bastado cercenar su firme, aniquilar su realidad tejida, abandonar la certeza de su cotidiano y lanzarse, ahora sí, al vacío de la incertidumbre como salvación a su desgracia. Bastaba renunciar. Mas ya no existe Tierra donde hacerlo, que ya todo tiene dueño y el vacío nos habita.
Mientras avanzan nuestras manos hacia la contraportada de Tio Vivo comenzamos a sentir que cierto caos nos adentra en un laberinto neuronal. Vamos a asistir a una explosión.
Ante 13 Rue del Percebe la sensación es de ruido. Escuchamos un variado y enorme ruido. Y no son otros que todos esos ruidos domiciliarios a los que se habitúa el ser domiciliado. Es el sonido de los vecinos circundantes, sus gritos, los ecos, el silencio roto, los propios ruidos…todos esos ruidos que se introducen en los domicilios como huéspedes, ya tan familiares como el animal de compañía.
Ruido y movimiento. Pero ese movimiento turmix que todo lo mezcla. Así, la página en nuestras manos acabará salpicándonos. Tanto lo deseamos que procedemos a su lectura. Porque no eramos pocos los que leíamos la contraportada en primer lugar.
Movimiento orgánico que afecta a toda la página. Y movimientos que engarzan el edificio otorgándole particularidad. Y la suma de movimientos de las viñetas-chiste, produciendo una verdadera historieta de una sola viñeta. Y el primer concepto que teníamos de una miscelánea de chistes se diluye. Se trata de una historieta. Montada con multiplicidad de elipsis. Una historieta que se lee en todas direcciones. Unas tiras amontonadas, las de cada domicilio, que sólo nos dejan ver su última viñeta. Una historieta que se amontona. Una rara especie. Persistencia minimalista que Ibáñez agrupa.
Son las iteraciones de sus motivos, y no su estructura, las que le confieren su carácter de página de historieta. Y será en lo mínimo, en los minúsculos chistes de adorno donde Ibáñez concibe la página como tal. En realidad la grandeza que percibimos está precisamente en el diseño de su maqueta. En su persistente iteración semanal que lo serializaba.
De todo esto, 13 Rue del Percebe, a partir de los elementos que lo constituyen (los chistes de personaje y las iteraciones estructurales) asoma un microcosmos que engarza una página de historieta donde el tiempo, su transcurso, queda abolido. Y es sólo un instante, una instantánea, la que nos mostrará la acción de la historieta. Una acción de acciones inmersa en un todo único. Las mismas habitaciones del inmueble no representan sino viñetas de múltiples historias que aquí se desarrollan en profundidad, emergiendo del interior del domicilio que no vemos, ancladas en la última viñeta frontal de su devenir. Ya no en la horizontalidad que le es propia al común de las historietas.
A veces, Ibáñez, por medio de catástrofes enlaza varios de estos mundos-habitación para mostrarnos el horror de la invasión de sus intimidades. Y cuando estos mundos resultantes se producen es cuando Ibáñez es más metafísico y lo absurdo se materializa en la violación de la intimidad. El gran horror.
Ningún personaje aquí es capaz de relacionarse humanamente con otro. El primigenio Yo infantil, el Ego en su abrupta forma, es la espoleta del mismo chiste que, semana a semana, va tejiendo Ibáñez. Las biografías apócrifas que se consiguen leyendo, uno tras otro, el suceso de un solo domicilio nos conducen al original dominio de la voluntad y del deseo, en un enjambre en el que cada personaje busca su propia supervivencia. En un mundo hostil, un mundo de pillos. Con la moralidad vital de los truhanes.
Lo absurdo de la vida lo presenta Ibáñez de forma descarnada, a menudo cruel. Modelo de Escuela Bruguera, donde la crueldad de la vida habita en un mundo tan cruel como la vida misma. Porque en 13 Rue del Percebe nos encontramos en el mundo de lo incontenido, universo sin dimensiones donde la ley del deseo es aquí la elemental vida diaria, su continua autoafirmación. La representación de una realidad sin leyes mentales, done toda oración puede suceder, y de hecho sucede. Así, nada es creíble porque todo es posible, y lo posible, que ya lo es todo, carece, así, de valor. La verdad y la mentira son sólo supervivencia aquí… Pues en 13 Rue del Percebe todos sus personajes superviven, e Ibáñez nos ofrece una instantánea del momento más trágico y absurdo de cada supervivencia diaria.
El pesimismo, pese a su volcánica comicidad es, en 13 Rue del Percebe, profundo. Ni siquiera una araña será redimida de representar lo humano en lo absurdo de su horror.
…….
13 Rue del Percebe. Francisco Ibáñez. Asoma en Tío Vivo en 1961.
La hojalata consiste en una fina lámina central de acero recubierta por distintas capas como: una aleación de hierro-estaño; una película de pasivación para la buena adherencia de los barnices y la mejora de su resistencia y, finalmente, una película de aceite para protegerla de la humedad y el aire.
Pionera en España fue la ciudad de Ibi (Alicante) cuando Rafael Payá, en 1905, vendió a sus hijos su taller de hojalatería para su dedicación a la fabricación de juguetes. No es hasta 1918 cuando se dejará de pintarlos a mano para utilizar planchas litográficas que posteriormente se troquelan, perforan y engrapan.
El periodo de los 20´s a 1936, con el inicio de la guerra civil, es la edad de oro de este tipo de juguete que, con la contienda, se reciclará hacia la fabricación de utensilios bélicos como platos, vasos, cantimploras, cuchillos de campaña y espoletas para bombas. Y ya será en los años 50´s cuando, tras la irrupción de las máquinas de inyección de plástico, el juguete de hojalata fenecerá lentamente.
Los Juguetes pertenecen a la exposición “Payá 1905-2005. Cent anys de Joguets”
En la novela criminal fluye el miedo. Más que la muerte, que es su culminación, la esencia del género se encuentra en el peligro y en el temor. Dicen que el miedo es un mecanismo de defensa, una alarma biológica que se origina en el sistema límbico, allá en el lóbulo temporal, que, curiosamente, controla tanto las hormonas del pavor como las del afecto. También se suprime el miedo, se afirma, con compuestos etanólicos, muy apreciados en el rancho de las guerras.
Nuestro cuerpo, en este estado descoyuntado ya no pertenece a nuestro raciocinio y pasamos a ser una sinfonía química y corporal con caracteres primitivos: de pronto aumenta la presión arterial para que la sangre fluya rápida y transporte urgentemente hacia las células grandes dosis de adrenalina. El sistema inmunológico se detiene, cesa, para centrarse en un metabolismo celular que funciona desbocado. También la sangre se colma de glucosa, puesto que la actividad corporal va a ser extremada.
Así, para un dibujante se refleja en el rostro su grafía: los ojos se agrandan y redondean para dilatar las pupilas y permitir un mayor acceso lumínico, no vaya a ser que por cegatos se nos zampen, las cejas se arquean al máximo arrugando la frente, y la boca se entreabre, se oxigena, mientras los labios se estiran horizontalmente tensos y firmes en actitud de mueca.
En la iconografía popular es más susceptible al miedo la mujer que el hombre, que lo contiene más por eso de qué dirán, perlando su frente de sudor. Mientras aquélla histeriza sus signos, éste se los aguanta. Lo que no deja de ser una convección de los roles sexuales.
Tener miedo, dicen, es sano. Una alarma contra el peligro. Y a pequeñas dosis tal como lo suministran los noticiarios, sabiendo concatenar su sucesión, un importante narcótico hacia la sumisión y un suave excipiente subliminal hacia la exaltación del estado paternal. Su necesidad.
…….
Con portadas de la colección Brigada Secreta. Publicada por Ediciones Toray 1950-1954.
…….
Puede afirmarse que los primeros trabajos litográficos españoles se efectuaron en la isla de Cuba por el dominicano Juan de Mata y que en el seminario de San Benito impartió clases gratuitas para la enseñanza de este nuevo arte.
No será hasta 1840 cuando se comiencen a imprimir litografías como envoltorio para las cajas, cajetillas y mazos de los cigarros habanos. Generalmente doblados por chinos. También será en estos parajes donde por primera vez se utilizará la “Máquina Magnetoeléctrica” del inventor francés M. E. Gaiffe, con la que “el dibujante puede grabar sus trabajos sin necesidad de recurrir al auxilio de un grabador que, a menudo, al copiar el original no reproducen el peculiar estilo del artista”. Tal como nos dejó escrito Samuel Hazard en su “Cuba a pluma y Lápiz” (1870)
Popular arte el de las marquillas, que distraían al fumador antes de proceder a la consunción de su veguero y al goce de su maravillosos efluvios.
Vio el amable lector la serie “Vida y muerte de la Mulata” presentada por la Charanga de Villergas y empaquetada en la Fábrica de Llaguno y Compañía, dibujadas por el artista C. Anillo.
Una buena colección de litografías tabaqueras las encontrará el lector en el libro “Marquillas cigarreras Cubanas” de Antonio Núñez Jiménez. Editado con motivo del Quinto Centenario. Ediciones Tabapress 1989.
…….
A la sombra del enloquecido señor Edison, que por poco nos deja sin cine al pretender el monopolio de su comercialización (batallita conocida como “la guerra de las patentes”), el inventar y el patentar se puso de moda. Y los inicios del siglo XX conocieron todo tipo de peregrinas asacaduras e imaginativos disparates.
Actualmente un simple dibujo y la intención de algo por inventar es motivo de patente. Así, hasta las ideas tienen su copyright. Si por los mercaderes fuera no podríamos piratear ni el pensamiento.
…….
De “El libro de los Inventos” recopilado por ChumyChumez para Editorial Fundamentos en 1972.
…….
El principal mensaje de los mass-media es su carácter de mercancía y la finalidad de sus productos su venta. Dos serán los pilares: el lenguaje generalizado y la apelación a los sentimientos como trama universal. Más que lo ideológico o religioso, que son localistas, su ingrediente aglomerador será el material que reportan los estados morbosos y las emociones. Un documental, metamorfoseado en genérico, cuyo único tema es la vida, que no es otra cosa que el preludio de la muerte.
La función icónica que representó el folclore, a partir de los mass-media pasa a ser arqueología, a medida que la comunicación mediática impone nuevos símbolos y renovados mitos. Un folclore nuevo. Pero, ahora pasajero, estacional, mercancía y moda.
Cualquier comunicación es univoca. El mensaje de un emisor, si es contestado por el receptor, no será en el fondo más que otra emisión. En realidad, así, no se produce en los media un proceso de comunicación, sino de emisión continua. Por tanto, sin consecuente, la naturaleza de lo emitido es un sentimiento. Un documental de la emoción.
Nadie puede hacer suyo lo otro, lo que no es él. Porque el humano es un comedor de metáforas que se segrega en otras. El drama de la comunicación es que no puede suceder sino a niveles primarios, de respuesta a estímulos primarios a su vez. Los media proceden a su representación, imaginando su sensación por medio de un lenguaje particular y especializado articulando mitos.
Así, con los media, se generan lenguajes por y en los que simular la comunicación fabricando superestructuras, es decir: debates morales.
…….
…….
Imágenes de “House of Mystery” 1966. En su miniserie “Dial H for Hero” singular y excéntrico muestrario de forcejeos con el Yo.

Página dominical de Mutt and Jeff con Desdemona en todo lo alto (1934)
Comienza Bud Fisher en el año 1907 una tira en el “Chronicle” de San Francisco protagonizada por Augustus Mutt, un asiduo de las carreras de caballos. Dos años más tarde Mutt se topaba en un lunático con un tal Jeff, por ver si los locos, que nada sabían de carreras, le hacían rico en las apuestas. Gustó tanto este pirado bajito de Jeff, que Fisher decidió conservarlo para su serie. Su éxito hace que Fisher mude la tira al periódico rival, el “Examiner”, propiedad de del señor Hearst. Fisher, tipo listo, no en vano se había formado como hombre en los hipódromos, registró la propiedad de sus personajes jugándole una buena pasada al magnate Hearst.

Portada de la revista Mutt and Jeff de los años cuarenta
Tipo avispado este Fisher, pronto emigró hacia otros periódicos y diez años después del nacimiento de Mutt and Jeff su tira es la más difundida en américa…dicen que 4000 dólares semanales eran sus emolumentos a finales de los años diez. Juguetes, libros, muñecas, campañas publicitarias de todo tipo florecieron a su vera. Así que “abrumado” por las ganancias decidió Fisher contratar ayudantes que, finalmente, se encargaron de todo el trabajo mientras el bueno de Bud vivía a lo grande. Tras ser jefes del estudio: Billy Liverpool, Ken Kling y Ed Mack, fue en 1932 cuando Al Smith pasó a dirigir el cotarro. Allí creo a la gata Desdémona, conocida en España como “Esmeralda” y en sudamérica como “El gato de Tobita”, tal como el “Excelsior” de Cuba lo fue publicando junto a la serie Mutt and Jeff, aquí bautizada Benitín y Eneas.
Cuando el señor Fisher tuvo a bien morirse corría el año 1932 y la serie pasó a firmarla Al Smith, aunque el copyright lo conservó la heredera de Bob, la condesa Aedita de Beaumont. Ya muerto Smith la serie continuó publicándose hasta inicios de los ochenta, ahora firmada por George Breisacher antes de su desaparición.

El señor Fisher posando publicitario en los años treinta
Concluimos, pues, con esta tercera entrega las andanzas de Desdémona, la longeva gata que vivió décadas conservando su maravillosa candidez. En estos tiempos en los que la novedad suele ser lo único que se difunde, comprobar que a principios del siglo pasado, ya la historieta alcanzó cotas de magnificencia que difícilmente afloraran más tarde, puede sorprender a algunos. Cuando, muchas veces, quizá demasiadas, genialidades del hoy son simples chapucillas de un arte que, perdida su pujanza, vegeta refugiado en su nostalgia.























1975 Alberto Pujolar

1976 Salvador Fabá

1980 Tamurejo

1981 Antonio Bernal y su lápida sepulcral
Comienzan los setenta cuando Editorial Bruguera lanza su colección Selección Terror (1973). Ya en lo cinematográfico es un género consolidado: tipificado durante el cine silente, llevado a su sintaxis por la Universal en la década de los treinta. Remodelado más tarde, cuando la británica Hammer prosigue, a finales de los cincuenta, la vieja tradición terrorífica de su cine autóctono para ofrecernos su imperecedero terror a cuatricromía culminando el goticismo, cerrando un ciclo que ya respira en lo carnal. Sólo quedaba pues la actualidad, insertar lo terrorífico en la realidad diaria. Y es entonces cuando Bruguera propone a sus autores colaborar en su colección de miedo. Y allí tenemos a Ralph Barby que, por su cuenta y riesgo se sumerge en la actualidad presentándonos hippies, médicos primerizos en clínicas poco recomendables, psicópatas variados, animosas compañías de teatro vanguardista, locales infectos del hampa más baja, enfermos terminales de cáncer, universitarios en prácticas, esposas de la higt society adeptas al satanismo porque se aburren o coleccionistas de calaveras de hombres destacados en los más variados ámbitos…La vida diaria envuelta en lo mágico, en modernas urbanizaciones, pensiones parisinas, apartamentos, algún que otro caserón, yates y urbanizaciones…sin olvidarse de toda la tramoya folletinesca: enanos, gorilas que se encaprichan de señoras, modernos dráculas que regentan hospitales de rejuvenecimiento para millonarios, el mismo diablo in person, diablas que regentan prostíbulos para engatusar a maridos y así engendrar en sus esposas íncubos y súcubos de todo pelaje, ancianas que alquilan habitaciones e investigan con esmero la reencarnación, magos venidos a menos, espíritus que vagan enrabietados…

1976 con portada de 1983

1983 Almazán

1976 con portada de 1983 de Pujolar

1984 Sampere
La vida de cada día, pues, alterada por lo mágico, dándolo por sentado. Y sin el mal recurso de la patatera explicación científica, todo un acierto. Y todo, contado con una escritura eficaz, directa, de proximidad cutánea. Ralph Barby nos parece escritor volcánico, pródigo en ideas; urdidor, junto al lector, de aproximarlo en lo contado para envolverlo en su sintaxis, perfectamente folletinesca, ajustada al máximo al efecto dramático. Uno recuerda novelas suyas con especial placer en este género del terror. Yo, de ustedes, no me perdería títulos cojo “Broma de Carnaval”, “Pensión de París”, “Tengo miedo, ayúdame” o esa su magistral “Las Espiritistas de Modern-City” donde por efluvios satánicos, la carnalidad feroz entre la poseída novia de su hijo y el padre de éste, llegan a los ámbitos de una locura que se siente en su aberración y, más tarde, el monótono parloteo del hijo, finalmente asesinado, contagia al lector con la podredumbre de su zombismo supurador…Conocí a un camionero que leía las novelas de Barby conduciendo a todo trapo, yo me alarmaba de tal desatino, mientras él me sonreía, con una sonrisa abisal, como de cera en exvoto, adoptando pose de gorila desatado y enloquecido…menos mal que, después, me invitaba a una cerveza y mis ánimos se tranquilizaban un tanto. O no?

…José Luis López Vazquez ha sido capaz de transformarse, siempre con acierto, en mil personajes distintos. Eso, en personajes. Vamos, que es un actor. De hecho, el mejor actor del cine Español… (Galactus y Grace Morales- Mondo Brutto nº16)
…….
Portada del delicioso opúsculo de Manuel Valencia dedicado al actor (2002).
























…….
Cicero´s Cat – Al Smith (1902-1986). Comics aparecidos en Funnies (1936…) un mensual de la “Dell Publishing” y en Mutt & Jeff (1942…) de “All-American Comics Quarterly”, ambas de Nueva York.

la carne se expande

la carne estalla

la carne implosiona

la carne que taladra

la carne que piensa

la carne condimentada
…….
seis mujeres y seis tipos de carne fílmica…

Albert Schmidt nació en Brooklyn el año 1902 y cuando cumplió treinta años fue contratado por el señor Bud Fisher como ayudante para su serie cómica Mutt and Feff.
Que firmara Al Smith no se supo hasta que en 1954 el señor Fisher murió. Aunque ya desde 1932 era el propio Smith quien se encargara de la producción de su célebre dúo de pirados que aparecieran en 1907 en el Chronicle de San Francisco.
Fue el mismo Smith quien ideó la topper de Cicero´s Cat para las entregas dominicales de Mutt and Jeff, aunque las firmará su patrón. Cicero no era otro que el hijo de Mutt, y la gata que protagonizaba el topper se llamaba Desdémona, familiarmente Desi. El señor Al Smith murió a sus 84 años en un hogar para ancianos de Nueva York, habiendo dibujado con Bud Fisher en no menos de 350 periódicos y siendo traducido a 30 idiomas.






El hoy olvidado Cicero´s Cat, sin embargo, es una de las series más deliciosas que ha dado el comic. Pertenece a la estirpe de historietas que pudiéramos denominar descriptivas, las que buscaban su gracia en el desarrollo de la acción y no se fundamentan especialmente en el chiste o en el gag. Hijas de la observación y una especie de poesía emanada del paisaje y el movimiento de los personajes accionando en el ambiente, aquí no mera tramoya, sino parte integrante y personaje inmóvil de la propia acción.
En la serie, la gata Desdémona, por cierto dibujada por el señor Al Smith con gran sutileza, conocedor de ese mundo mágico y extraño que vive un gato en lea civilización, actuará frente a los estímulos que la rodean. Principalmente ante los objetos manufacturados por la propia civilización, también frente a ratones, seres humanos, perros y demás mobiliario urbano…hemos colocamos al inicio de esta retrospectiva el accionar de Desdémona frente al amor con sus congéneres gatos, en clara parodia del humano amor y sigue esta incomparable serie con muestras de su poético mundo, cuya sutileza va más allá del mero chiste adentrándose en lo poético. Historietas, pues, fabricadas en su propio lenguaje, en el decir de lo gráfico.























…….
Cicero´s Cat . Al Smith (1902-1986). Historietas publicadas entre 1936 y 1944 (más o menos)

1990 Boada

1997 Roca

2001 Roca

2001 Roca
Tópicos y humor. Los relatos del Oeste alcanzan tal tipificación, sus esquemas son tan específicos, su geometría interna tan delineada, que en los estertores del género como narración creíble ya sólo es el tópico la materia para hilvanar historias.
Es entonces cuando hay que recurrir al humor y a la desmesura, potenciando los nuevos ingredientes que, tras el deceso de la censura, afloran con rapidez: la violencia y el sexo.
Las normas de estos nuevamente tratados ingredientes, sin embargo, también se presentan: por una parte la violencia se hace descriptiva, a veces minuciosa y un tanto hiperrealista. Gustándose en un crudo nombrar de la muerte y sus formas. Alcanzando, en algunos autores, una plasticidad indudable y, a veces, rudamente poética.
En cuanto al sexo sus limitaciones son más evidentes. Se nombra, pero al contrario que la violencia, no se describe. Se dice, pero no se especifica. Lo que no impide que en algún caso roce lo poéticamente pornográfico (si es que existe la pornografía y no su concepción moral) Se apunta y se insinúa. Un paso más allá hubiera desfigurado el propio género
Los tópicos de los diferentes tipos de personajes que conforman el género alcanzan aquí, lo histriónico. Siendo el pistolero, el matador de hombres, casi el personaje por excelencia de estas narraciones tardías. Esta potenciación de lo tópico y característico trae consigo la disminución de la trama. Ya no importa tanto ésta como la descripción del mismo tópico, su recreación actuante.

2003 Roca

2003 Roca

2004 Benavente

2004 Benavente
Y no puede ser de otro modo, pues el tópico extremado diluye lo moral y la trama pasional se ve sujeta, asimismo, a su propio tópico. Los códigos morales ya no sirven para construir tramas, los argumentos ya no se tejen en ellos. Tan sólo aparecen como tipificaciones del propio género. Lo cambiante moral que comienza a circular socialmente se refleja en estas narraciones tardías.
Mas todo este entramado que constituyen los nuevos argumentos no se sostiene sin el humor (desde lo chistoso al esperpento) En los autores que no lo practican los argumentos pierden su antiguo vigor. Creer la narración ética que desprenden ya no es posible, las motivaciones que mueven a los personajes quedan desfasadas. Su problema es que, sin lo humorístico, han envejecido.
No obstante, en estas narraciones de género, cuyo argumento son los propios códigos del género, se dan destellos de vigor narrativo. Su discurso se monda hasta argumentarse en su propio esqueleto. Su crudeza se hace diáfana. Para ello, como siempre, es el propio material narrativo lo que lo sostiene: Las palabras.
Las nuevas palabras son los atisbos de su búsqueda, palabras crudas, sin tapujos. Por ejemplo: un hombre, de pusilánime pasa a ser una mierda. O un poderoso, antes un cacique, pasa a ser un cabrón. Las palabras, ahora, nombran viscerales. Lo tópico, pues, no sólo se adueña del argumento, sino que lo constituye.




































































































































































