Tragados por el Abismo

“Tragados por el Abismo” es el título del último libro que ese buceador de la memoria de papel que se hace llamar Pedro Porcel, ha dado estos mismos días a las librerías. Tragados, sí, se entiende que los tebeos. Por el Abismo, también, como ese paso del tiempo que todo lo blanquea hasta disolverlo en el olvido.

Pero resulta que para nuestro autor aquellas maravillas no merecen tal olvido y, de nuevo, recordemos su anterior “Clásicos en Jauja”, en el que desmenuzaba la tortuosa y, a la vez, rimbombante historia del tebeo Valenciano, nos trae tras casi un lustro de minuciosa redacción este su “Tragados por el Abismo”. Y me atrevería a decir, como ya lo fue su “Jauja”, al que no por nada se le otorgó el premio Romano Calissi al mejor trabajo teórico en torno a la historieta, libro importante, erudito, detallado y datado y, a la vez, tremendamente divertido.

El lector de estas líneas, si tiene a bien adquirir el libro, cuatrocientas sesenta y dos páginas, más de un millar de reproducciones en su interior, formato apaisado de respetable tamaño que evoca aquellos cuadernos de la Hispano-Americana o el de aquel “Pequeño Luchador” primigenio, encontrará una documentada narración de la apasionante trayectoria de la Historieta de Aventuras en España. Desde su primera leche amamantado en las gloriosas ubres del Folletín, hasta su ocaso y defunción avasallado por los Electrodomésticos.

Como tal acontecimiento no podía pasarnos desapercibido nos pusimos en contacto con su autor y don Pedro Porcel, amablemente, como en él es natural y de rigor, nos concedió una entrevista para conmemorar el evento que, tiempo mediante, será pieza fundamental para conocer con certeza la dislocada epopeya de la historieta de aventuras por estos lares.

Dirijámonos, pues, a casa del señor Porcel…

Concertada la entrevista con don Pedro Porcel, enciendo un cigarrillo y me dirijo paseando hacia su morada. Un cielo amarillento y vacuo, con nubes deshilachadas que se van difuminando hasta ser tragadas por ese otro abismo que es el cosmos sideral, invento escalofriante como pocos, me va dictando las preguntas que formularé a su autor. Uno siente entonces lo irremediable que se torna el paso del tiempo y lo compara con la Naturaleza, no esa idílica y ecologista de cuento Rusoniano, sino la real, la que es vertiginosa y voraz con lo vivo, que se confirma en la muerte y, acaso, con el crimen. Y cae en la cuenta de que esto de la cultura popular tiene eso de bello: su salvajismo.

Estas divagaciones me confirman el lugar al que me dirijo, una especie de sótano vaticano, donde se acumula un papel que huele a organismo, cruje y respira y, en cuanto te descuidas, muerde. Feliz mordedura ésta de la ancestral alimaña que es la historieta.

Nada de engolamiento escolástico, vanas pretensiones académicas y forzadas ansias artísticas. Que no sea un arte todo esto, casi reconforta, alivia y da escalofríos.

Confirmando, por oposición socrática, que si algo es arte, es precisamente esto de lo popular, que lo demás es salita de estar, analfabetismo satisfecho e inversión bancaria. Aunque también le llegara su San Martín a la historieta y pasará al museo. Nefando día en que la revenida cultura occidental cobrará otra pieza en su mausoleo. Pero, afortunadamente para el lector, el cigarrillo se nos va consumiendo y la proximidad del domicilio de nuestro autor nos va sosegando y lo aximen de estas divagaciones.

Me recibe un Pedro Porcel en zapatillas, con esa sonrisa del lepísma que acaba de comerse un buen incunable y, efectivamente, en la comisura de sus labios asoma un antifaz, acaso del Jinete Enmascarado, o puede que el de algún extravagante folletín del Gato Negro. Tras las presentaciones, me ofrece un coñac y un mullido butacón que da a un patio repleto de plantas enjambradas de insectos rondadores. Su ornitorrinco domesticado se sienta a sus pies mientras observan mi primera pregunta.

1-                 ¿Cómo se gesta el nacimiento de los primeros monográficos de aventuras y cual es el recibimiento del público?

Sucede en la inmediata posguerra. Con la exclusiva de edición casi monopolizada por Falange Española, el margen que queda a los editores particulares es muy estrecho. Al no concederse permisos para publicaciones periódicas, muchos optan, en un mercado yermo de oferta, por sacar tebeos monográficos sin protagonista fijo, que comiencen y terminen en el mismo número. Han de ser baratos, claro, que no está el país para alegrías, por lo que se escoge el formato cuaderno de aventuras. La acogida es invariablemente buena; tenga en cuenta que aparte de estos tebeos, escasos, hechos a trancas y barrancas y tan ingenuos como imaginativos, lo único que se le ofrece al público infantil son las antipáticas publicaciones oficiales como Flechas y Pelayos, cargadas de ideología y escasamente escapistas. Y a evadirse de la realidad es a lo que aspira media España por entonces…

2-               ¿Hasta que punto se puede hablar de historieta autóctona y en qué es realmente de aquí?

Hombre, autóctona en el sentido literal, es decir, hecha cien por cien en España, lo es la gran mayoría de cuadernos de aventuras desde los cuarenta hasta su desaparición… Ahora, si se refiere a una forma de hacer historieta propia y única, el cuaderno presenta primero grandes influencias, sobre todo de los autores americanos de la Edad de Oro, Alex Raymond, Hal Foster y demás. Una forma autóctona de entender la narración se da desde que aparecen las primeras series, Roberto Alcázar y sobre todo El Guerrero del Antifaz, que es el que introduce un elemento nuevo, la novela por entregas, en los modos de la historieta española. Eso sí es único y particular de esta clase de tebeos, con ellos nace y con ellos desaparece…

3-                ¿Qué autores más olvidados entre los olvidados destacaría?

Es una lástima, pero olvidados la verdad es que están casi todos los que ilustraron cuadernos de aventuras… Hoy poco se conoce a Miguel Quesada, incluso a Manuel Gago, Boixcar o Martínez Osete, a pesar de su vastísima obra… Ahora, entre los más oscuros autores a rescatar hay muchos, desde Jaime Juez y sus espléndidos melodramas lacrimógenos a José Mª Torrent, un habitual de las ediciones de Hispano Americana de los primeros cuarenta; Miguel Ripoll, creador innovador que trae aires de modernidad gráfica al medio, o el gran Víctor Aguado, ilustrador, portadista de novela y folletín y responsable de una obra maestra de la ciencia ficción hoy casi desconocida, los tres tebeos de El Doctor Brande. Puro art decó en viñetas, sorprendente y único.

4-               ¿Nos puede poner al corriente de un caso editorial, para mi importante, como fue el de Grafidea?

Grafidea es una firma que nace a partir del núcleo que durante la Guerrra Civil ha estado editando desde San Sebastián Pelayos (el semanario para los niños carlistas, ferozmente ideologizado); al trasladarse a Barcelona finalizada la contienda y desvinculada ya de la Comunión Tradicionalista, adopta varios nombres (Española, Publicaciones Cinema…) hasta quedarse con el de Grafidea. La suerte de la casa es contar entre sus habituales con titanes del cuaderno como el guionista Federico Amorós, un escritor brillante y siempre eficaz que maneja a la perfección los resortes de esta clase de narrativa. A él se deben los principales personajes de este sello, apoyado por un equipo de excelentes dibujantes como Ambrós, Pedro Alférez o José Grau. Mientras cuenta con este equipo, la cosa funciona, y títulos felices como El Jinete Fantasma, Chispita, El Capitán Sol o La Máscara de los Dientes Blancos dan fe de ello. Más tarde, al marcharse muchos de estos autores, Grafidea tiene la suerte de dar con un dibujante novel extraordinario que es Matías Alonso, quien realiza varias colecciones de éxito. Cuando se acercan los sesenta la casa, mal dirigida, pierde contacto con la actualidad, facturando unos productos cada vez más anacrónicos… así hasta que incapaz por completo de renovarse, desapareciendo hacia 1960, como tantas otras.

5-                 ¿Se podría decir que el padre Jesús Mª Vázquez se cargó el invento?

Decir que él solito acabó con los cuadernos de aventuras es exagerar, desde luego, pues a la acción de su censura pacata y clerical hay que sumar otros factores causantes de la desaparición de esta clase de tebeos. Ahora, no hay que menospreciar su papel. El celo inquisitorial que el dominico puso al querer erradicar toda violencia de los tebeos, cargarlos de catolicismo e intentar que cada vez fuesen más parecidos a una hoja parroquial, sin duda fue uno de los factores más importantes a la hora de alejar al público de un producto que éste ya percibía periclitado. Su papel fue muy pero que muy negativo; se puede decir que pocas personas han hecho tanto daño a la historieta española de un modo tan consciente e intencionado.

6-                Leyendo su libro se aprecia que el olvido más notable ha recaído hacia el cúmulo de excelentes guionistas que dieron forma a toda esta historia ¿tan mal considerados estaban?

Efectivamente, si casi nadie se acuerda de los dibujantes de la época, menos aún de los guionistas… Mal considerados socialmente estaban todos los que se dedicaban a esto de los tebeos, aún más que ahora si cabe, y de ellos, los guionistas se veían como una especie de escritores de tercera que ni a autor de pulp llegaban… Una apreciación absolutamente injusta, por cuanto la obra de Pedro Quesada, Federico Amorós, Joquín Berenguer Artés o el mismo Víctor Mora es rica en lecturas, imaginativa como pocas y desde luego representante de un modo de hacer complejo al que a menudo se menosprecia desde el desconocimiento más engreído… Son narradores ejemplares, capaces de interesar al lector durante meses en torno a una trama, y eso sin salir de un mundo tan codifcado como el del género, que ellos contribuyeron en no poca medida a crear y en el que se mueven como pez en el agua…

7-                 ¿Existen momentos trascendentes de ruptura o innovación en esta singular historia aventurera?

Sí, sin duda; el cuaderno de aventuras es un medio que evoluciona y mucho; nada tienen que ver las primeras y toscas fantasías de posguerra con los tebeos perfectamente presentados y mejor trabados que se ofrecen desde inicios de los años cincuenta…. Este es un aspecto que creo queda claro en mi libro; contra la repetida opinión de que todos estos productos son semejantes y de escasa calidad va precisamente toda la argumentación teórica que sustenta Tragados por el abismo… y que espero quede clara al lector