El rostro del miedo

Portada de Ayné

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Ilustración de Virgili

Miedo amarillenado el rostro. Por Virgili

De Virgili, gran urdidor de señoras asustadas

Futbol y miedo ilustrado por Virgili

En la novela criminal fluye el miedo. Más que la muerte, que es su culminación, la esencia del género se encuentra en el peligro y en el temor. Dicen que el miedo es un mecanismo de defensa, una alarma biológica que se origina en el sistema límbico, allá en el lóbulo temporal, que, curiosamente, controla tanto las hormonas del pavor como las del afecto. También se suprime el miedo, se afirma, con compuestos etanólicos, muy apreciados en el rancho de las guerras.

Nuestro cuerpo, en este estado descoyuntado ya no pertenece a nuestro raciocinio y pasamos a ser una sinfonía química y corporal con caracteres primitivos: de pronto aumenta la presión arterial para que la sangre fluya rápida y transporte urgentemente hacia las células grandes dosis de adrenalina. El sistema inmunológico se detiene, cesa, para centrarse en un metabolismo celular que funciona desbocado. También la sangre se colma de glucosa, puesto que la actividad corporal va a ser extremada.

Así, para un dibujante se refleja en el rostro su grafía: los ojos se agrandan y redondean para dilatar las pupilas y permitir un mayor acceso lumínico, no vaya a ser que por cegatos se nos zampen, las cejas se arquean al máximo arrugando la frente, y la boca se entreabre, se oxigena, mientras los labios se estiran horizontalmente tensos y firmes en actitud de mueca.

En la iconografía popular es más susceptible al miedo la mujer que el hombre, que lo contiene más por eso de qué dirán, perlando su frente de sudor. Mientras aquélla histeriza sus signos, éste se los aguanta. Lo que no deja de ser una convección de los roles sexuales.

Tener miedo, dicen, es sano. Una alarma contra el peligro. Y a pequeñas dosis tal como lo suministran los noticiarios, sabiendo concatenar su sucesión, un importante narcótico hacia la sumisión y un suave excipiente subliminal hacia la exaltación del estado paternal. Su necesidad.

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Con portadas de la colección Brigada Secreta. Publicada por Ediciones Toray 1950-1954.

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