Ralph Barby en el Terror

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1975 Alberto Pujolar

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1976 Salvador Fabá

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1980 Tamurejo

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1981 Antonio Bernal y su lápida sepulcral

Comienzan los setenta cuando Editorial Bruguera lanza su colección Selección Terror (1973). Ya en lo cinematográfico es un género consolidado: tipificado durante el cine silente, llevado a su sintaxis por la Universal en la década de los treinta. Remodelado más tarde, cuando la británica Hammer prosigue, a finales de los cincuenta, la vieja tradición terrorífica de su cine autóctono para ofrecernos su imperecedero terror a cuatricromía culminando el goticismo, cerrando un ciclo que ya respira en lo carnal. Sólo quedaba pues la actualidad, insertar lo terrorífico en la realidad diaria. Y es entonces cuando Bruguera propone a sus autores colaborar en su colección de miedo. Y allí tenemos a Ralph Barby que, por su cuenta y riesgo se sumerge en la actualidad presentándonos hippies, médicos primerizos en clínicas poco recomendables, psicópatas variados, animosas compañías de teatro vanguardista, locales infectos del hampa más baja, enfermos terminales de cáncer, universitarios en prácticas, esposas de la higt society adeptas al satanismo porque se aburren o coleccionistas de calaveras de hombres destacados en los más variados ámbitos…La vida diaria envuelta en lo mágico, en modernas urbanizaciones, pensiones parisinas, apartamentos, algún que otro caserón, yates y urbanizaciones…sin olvidarse de toda la tramoya folletinesca: enanos, gorilas que se encaprichan de señoras, modernos dráculas que regentan hospitales de rejuvenecimiento para millonarios, el mismo diablo in person, diablas que regentan prostíbulos para engatusar a maridos y así engendrar en sus esposas íncubos y súcubos de todo pelaje, ancianas que alquilan habitaciones e investigan con esmero la reencarnación, magos venidos a menos, espíritus que vagan enrabietados…

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1976 con portada de 1983

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1983 Almazán

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1976 con portada de 1983 de Pujolar

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1984 Sampere

La vida de cada día, pues, alterada por lo mágico, dándolo por sentado. Y sin el mal recurso de la patatera explicación científica, todo un acierto. Y todo, contado con una escritura eficaz, directa, de proximidad cutánea. Ralph Barby nos parece escritor volcánico, pródigo en ideas; urdidor, junto al lector, de aproximarlo en lo contado para envolverlo en su sintaxis, perfectamente folletinesca, ajustada al máximo al efecto dramático. Uno recuerda novelas suyas con especial placer en este género del terror. Yo, de ustedes, no me perdería títulos cojo “Broma de Carnaval”, “Pensión de París”, “Tengo miedo, ayúdame” o esa su magistral “Las Espiritistas de Modern-City” donde por efluvios satánicos, la carnalidad feroz entre la poseída novia de su hijo y el padre de éste, llegan a los ámbitos de una locura que se siente en su aberración y, más tarde, el monótono parloteo del hijo, finalmente asesinado, contagia al lector con la podredumbre de su zombismo supurador…Conocí a un camionero que leía las novelas de Barby conduciendo a todo trapo, yo me alarmaba de tal desatino, mientras él me sonreía, con una sonrisa abisal, como de cera en exvoto, adoptando pose de gorila desatado y enloquecido…menos mal que, después, me invitaba a una cerveza y mis ánimos se tranquilizaban un tanto. O no?