Sobre los estertores del género del Oeste

1990 Boada

1990 Boada

1997 Roca

1997 Roca

2001 Roca

2001 Roca

2001 Roca

2001 Roca

Tópicos y humor. Los relatos del Oeste alcanzan tal tipificación, sus esquemas son tan específicos, su geometría interna tan delineada, que en los estertores del género como narración creíble ya sólo es el tópico la materia para hilvanar historias.

Es entonces cuando hay que recurrir al humor y a la desmesura, potenciando los nuevos ingredientes que, tras el deceso de la censura, afloran con rapidez: la violencia y el sexo.

Las normas de estos nuevamente tratados ingredientes, sin embargo, también se presentan: por una parte la violencia se hace descriptiva, a veces minuciosa y un tanto hiperrealista. Gustándose en un crudo nombrar de la muerte y sus formas. Alcanzando, en algunos autores, una plasticidad indudable y, a veces, rudamente poética.

En cuanto al sexo sus limitaciones son más evidentes. Se nombra, pero al contrario que la violencia, no se describe. Se dice, pero no se especifica. Lo que no impide que en algún caso roce lo poéticamente pornográfico (si es que existe la pornografía y no su concepción moral) Se apunta y se insinúa. Un paso más allá hubiera desfigurado el propio género

Los tópicos de los diferentes tipos de personajes que conforman el género alcanzan aquí, lo histriónico. Siendo el pistolero, el matador de hombres, casi el personaje por excelencia de estas narraciones tardías. Esta potenciación de lo tópico y característico trae consigo la disminución de la trama. Ya no importa tanto ésta como la descripción del mismo tópico, su recreación actuante.

2003-Roca

2003 Roca

2003 Roca

2003 Roca

2004 Benavente

2004 Benavente

2004 Benavente

2004 Benavente

Y no puede ser de otro modo, pues el tópico extremado diluye lo moral y la trama pasional se ve sujeta, asimismo, a su propio tópico. Los códigos morales ya no sirven para construir tramas, los argumentos ya no se tejen en ellos. Tan sólo aparecen como tipificaciones del propio género. Lo cambiante moral que comienza a circular socialmente se refleja en estas narraciones tardías.

Mas todo este entramado que constituyen los nuevos argumentos no se sostiene sin el humor (desde lo chistoso al esperpento) En los autores que no lo practican los argumentos pierden su antiguo vigor. Creer la narración ética que desprenden ya no es posible, las motivaciones que mueven a los personajes quedan desfasadas. Su problema es que, sin lo humorístico, han envejecido.

No obstante, en estas narraciones de género, cuyo argumento son los propios códigos del género, se dan destellos de vigor narrativo. Su discurso se monda hasta argumentarse en su propio esqueleto. Su crudeza se hace diáfana. Para ello, como siempre, es el propio material narrativo lo que lo sostiene: Las palabras.

Las nuevas palabras son los atisbos de su búsqueda, palabras crudas, sin tapujos. Por ejemplo: un hombre, de pusilánime pasa a ser una mierda. O un poderoso, antes un cacique, pasa a ser un cabrón. Las palabras, ahora, nombran viscerales. Lo tópico, pues, no sólo se adueña del argumento, sino que lo constituye.