el Western femenino

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No pocas mujeres de las que he conocido eran lectoras de novelas del Oeste. A hurtadillas las más; abiertamente algunas. Pensé que buscaban la idealización del macho, esa protección que muchas desean en el papel masculino, la seguridad ante el acoso de la testosterona ajena. Su lectura, charlando con ellas lo supe, era otra, diferente a la que yo podía tener, pensaba entonces…mas los años y las conversaciones fueron difuminando aquella primera impresión de diferencia. Buscaban lo mismo: la sensación de poder, la satisfacción de su representación.

Con mucho, la novela del Oeste y la Romántica han sido los pilares de una industria sustentada en los géneros, en la iteración de contenidos para ofrecer un producto reconocible de antemano. Es decir, una mercancía. Algo que al adquirirse ya se conoce, se sabe lo que es. Ambos géneros, partícipes de una representación romántica del mundo y suscritos a una idealización, buscaban lo mismo: la odisea hacia la seguridad, la estabilización de un mundo que surgía peligroso. La seguridad como felicidad. La felicidad ante lo hostil amparada en el poder. Su sensación.

Aquí, en estas novelas de un posible subgénero, la mezcla era explosiva. Llevándose estos anhelos a su máxima expresión en una idealización extrema, sensual, palpitantemente carnosa, exótica.

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1955 con portada de Bosch Penalva / 1956 / 1958 / y 1956 con ilustración de Vicente Roso.