tiempos de carajillo

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Uno de mis escasos devaneos sociables lo practicaba, allá por los setenta, en el bar Las Torres. Recién levantado y aseado a las seis de la mañana, me encaminaba hacia dicho establecimiento para fumarme un Bisonte, o dos, y pedirle al camarero un carajillo, por supuesto, de Veterano. Mientras, aguardaba al autobús que me conduciría al manicomio.

Aún en mi retina conservaba la contraportada del bolsilibro que me aguardaba sobre la mesita de noche, donde una señorita con permanente me sonreía ofreciéndome una copita de coñac. No entiendo tanto de espirituosos como para disertarles sobre la bondad de dicho mejunje. Lo que sí se, es que el carajillo fue bebida nacional en tiempos en los que el día amanecía siempre a la misma hora y la modernidad aún era cosa de pijos.

Había quien continuaba todo el día con esto de los carajillos, quizá para soportar la vida. Ahora se soporta con un zumo y un croissant y, en vez de observar, como yo hacía, las cabriolas de las cucarachas que amanecían al calor de la Faema del bar, nos endosan un periódico gratuito con las consignas del día. Yo, aún, por si acaso, me pongo el despertador a las seis, sin falta, me tomo un carajillo y me vuelvo a acostar. Porque ya no voy al manicomio, que me hicieron la baja.

Pueden continuar con esto del Veterano con loa amigos de Bolsi&Pulp, donde les ofrecerán unas copitas en amable compañía

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La publicidad es de 1963 1 y 2. De la 3 a la 6, es de 1964. Y la última de 1967

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