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El señor McLuhan ya prefiguró la aldea global a finales de los sesenta. En su libro “El medio es el mensaje” (1967) disertó sobre el asunto con ese optimismo propio del pionero que cree firmemente en la tierra prometida. Cuando uno repasa sus escritos de entonces, en aquella naciente globalización, y se ve inmerso en la mecánica actual de la comunicación, le asalta una pregunta: ¿hasta qué punto McLuhan es literatura?

Dijo en su famoso libro: “El tiempo se ha parado, el espacio ha desaparecido. Ahora vivimos en una aldea global, a las emociones tribales de las que nos hemos visto privados a causa de unos cuantos siglos de cultura. El sistema de circuitos electrónicos relaciona a los hombres entre sí de una manera profunda. La información nos invade instantáneamente y continuamente. Apenas adquirida es inmediatamente sustituida por otra más reciente”

En realidad, siguiendo su cita, el Tiempo se ha fracturado y el Espacio es una concepción intelectual. Parado y Desaparecido se nos antoja optimista. Porque en la comunicación electrónica el tiempo es de goma y su manifestación el dolor (sea placentero o no). Digo dolor, en cuanto el único producto del tiempo es la muerte.

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La comunicación electrónica, instantánea, global, sólo puede ser inteligible si adopta un lenguaje, a su vez, también global. Y éste no puede ser otro que el de la propia masa. Manejar masas siempre fue el secreto del poder en su vertiente diaria. Pues su verdadero secreto no es otro que la sustitución del lenguaje de ese extraño abismo que es el animal privado, por su propio discurso atávicamente optimista, esperanzador. La comunicación de masas nos sumerge 24 horas en un devenir de agresión, asolando cientos de millones de privacidades. La manifestación de la masa es sólo un problema estadístico, de mercado, de emisión previamente manipulada por el mismo emisor que posee los medios. Y así se amaña el pensamiento, se crea opinión. Acaparando los grupos mediático la emisión de mensajes, legislando su funcionamiento.

Así, las emociones tribales, de las que nos hablaba McLuhan, no son otras que la inmolación del enemigo, es decir, la seguridad de pertenecer a una masa, serlo. La manipulación del recuerdo es la tarea titánica del estado moderno. La creación de emociones su medio transmisor. La historia de la emoción, su biografía y sus modas, es tarea por hacer en una historia del gusto.

La novela popular, la historieta, lo cinematográfico parte con el lenguaje establecido por lo masificado, en él encuentra el alfabeto de sus signos…mas en estos arrabales en vías de extinción, aún del creador depende su lenguaje y su actitud frente al mismo. Tales actitudes son la historia de los propios medios, sus escuelas y sus posiciones.

Licenciado en ese optimismo necesario para vender en una sociedad como la occidental, McLuhan nos saca a escena a los actores más representativos de la comunicación global. Aséptica (el infierno como el propio optimismo)

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La portada de la Biblioteca Oro es de Bocquet / la de la Colección Aventuras, de López Rubio / y la de Ases del Oeste del novelista A. Rolcest, de Bosch Penalva.

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