Silver Kane (1) crepuscular

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¿Qué…qué quieren, señores?

Buscamos a un hombre

No…no será a mí…

No. Porque tú no eres un hombre. Tú eres una mierda.

(El Oro de Arkansas. 1984. Silver Kane)

Es la última etapa de la obra de Silver Kane la caracterizada por un descarado humor y una concisión extremada. Su apoteosis.

“A veces los cabrones intentan que sus hijos sean un poco distintos a ellos, para así poder presumir”… (Un asesino para Silvia Stuart. 1984).

Ya desde sus comienzos su obra se zambulle en el humor. Lo cómico, sólo que en él sarcástico e irónico… y el folletín más extremado. Porque Silver Kane, sabe, entiende lo que significa un folletín al puro estilo fundacional. Aquel en el que lo crudo y lo prodigioso constituía su esencia. Heredero de la desmesura de un Mack-Wan, de unos Vampiros del Aire, su producción nunca dejará de lado el ingrediente de lo desaforado, el saberse en el teatro de la pantomima.

Es, quizá, Silver Kane el autor más interesante de la novela popular autóctona. Tanto por su sutil evolución estilística como por marcar las pautas de su evolución histórica. Imprescindible en el salto literario hacia la concisión y pieza básica en una elaboración moderna de los géneros en los que sumerge su pluma mordaz y descarnada. Así, en esta primera entrega, divagaremos en aquel su Oeste que marcó el devenir del mismo como género literario, sin caer en ese lugar común, tan erróneo y gustado por el periodista, que enmarca lo mejor de su obra en el campo de la necesidad y la justificación, o en ese tan manido y tribal aullido de la condecoración por su política persecución cuando lo verdaderamente importante es su obra misma en lo popular, para exquisitos de una literatura que no pretenden el escalafón ni se justifican por la corrección pseudoacadémica del estudioso. Sencillamente porque es lo mejor y más prodigioso que el gran Silver Kane elaboró en su máquina de escribir.

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En el crepuscular Oeste del señor Ledesma, del que trataremos en estas dos entregas, el argumento con trama, del que ya dio muestras de maestría en sus anteriores etapas, ya no es necesario, la novela se explicará a si misma, mientras sucede, como una especie de reportaje o documental en un espacio de tiempo: el inmediato presente.

En ellas el triángulo mujer-pistolero-oponente indeseable se torna extremo y es la constante donde fraguar humor. Un humor de astracanada, de disparate soez y de sal gorda. Los personajes, ahora sólo serán estimulados por lo externo, casi como si de una reacción química se tratara. Psicológicamente son unidimensionales pues, lo importante no es el personaje, sino el devenir de su acción, generalmente reacción, ante los constantes estímulos externos con los que se va topando. Siendo estos los mismos estilemas que conforman el género Oeste. Pues andamos ante un género que ya escribe sobre sí mismo. Y cuando esto sucede se aboca hacia el humor. Porque cuando el género, ya anciano, se ha desgastado hasta hacerse poco creíble, su única salida es un humor sobre si mismo. Penúltima formula, ya, de subyugar y entretener al lector. Es el suyo, sin embargo, humor lejano al de un Keith Lugar (otro autor que irá acentuando lo cómico hasta practicar una novela totalmente humorística) no así en Silver Kane, que no abandonará la épica trágica como escenario de sus novelas.

Épica y tragedia, dos ingredientes básicos en su obra. Épica para narrarnos la muerte, tragedia para apuntar su humor. Porque toda la obra de Kane está impregnada de un humor claro, directo y crudo, sin el menor asomo de lo moral. Pues tratamos de un escritor carnal, de la estirpe que se forja mientras se escribe.

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1958 con portada de Rafael Griera. Ed 1970 / 1964 ,2ª Ed  1971 / 1982 con ilustración de Desilo / 1984 Bernal

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1981 con portada de Miguel García / 1984 cubierta de Almazán / 1988 Boada / 1989 portada de Lopez Espí

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1966, Ed 1985 / 1982 Fabá / 1987 con portada de Almazán / y 1995 con ilustración de Roca.