la ley del serial

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Los seriales tienen el común denominador de suceder en directo. Básicamente se producen a ojos del lector. Que los hechos se narren en el momento en que se producen es esencial para entrar en ese melodrama que son los seriales.

En directo: esa es la sensación que arrebatará al lector. En vivo: nadie sabe lo que sucederá después. Ni siquiera el protagonista de la historia decide su continuación.

La visión subjetiva del personaje del serial es su hilo conductor y el desencadenante de los hechos. Será a través del héroe desde donde se mirará lo narrado. El folletín tiende a querer ser un trozo de la realidad que sucede, aferrado, como le es propio a su inmediato progenitor: la crónica de sucesos. Y el serial es el gran invento del folletín. El suceso industrializado, la evasión.

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La continuidad de los personajes no está tanto en su peripecia, por lo común repetitiva, como en la visión del mundo que ellos mismos generan. El propio Phatos que segregan. El destino, es decir, lo otro, lo fuera de él. Lo que condiciona sus movimientos, no hechos, sino valores morales, su acción.

Estos ambientes de destino cerrado que generan los héroes no son otra cosa que los sustratos de los géneros, lo que los conforma. El género, por tanto, no es un paisaje. Ni siquiera un mobiliario o un atrezo, sino un segregado moral.

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Inolvidables portadas de Francisco Batet para el serial El Coyote de José Mallorquí. Para desgracia de los ojos de los posteriores lectores, en las reediciones se prescindieron de ellas.  Francisco Batet, además, trabajó en la historieta, donde nos ofreció otra serie inolvidable El Corsario Azul.