Emilio Freixas (2) portadista

01-1943s-el-camino-del-mal

02-1940s-b-oro-n-s-de-paris

03-ss334

04-1940s-cuentos-humoristic

Que Emilio Freixas no era un dibujante cualquiera nos lo demuestran: primero sus escritos, moteados de reflexiones sobre su propio trabajo y, también, el saberse en las distintas facetas gráficas que acometía.

Que una portada para una novela era algo distinto que otra para un tebeo o la ilustración de un cuento o revista, siempre lo tuvo claro. En pocas palabras: tenía en cuenta al lector al que dirigía cada uno de sus trabajos gráficos. Esto, tan simple, sin embargo, es extraño a la mayor parte de los dibujantes. Al dibujante común, por decirlo así, que es casi siempre unidimensional en su decir.

05-pimp-263-1951-freixas

06-1946-regina

07-1955-col-princesita

08-1935-b-oro-nc2ba-iii-46


Incluso entre, en este caso, la misma tarea, la de ilustrar la portada de un libro, ofrecía al lector un reflejo de lo que se disponía a leer. Sin embargo su propio sello como dibujante, la pulcritud y la claridad de lo expuesto le eran propios. Porque no nacía de una camaleónica referencia, sino que obedecía al decir de su propia concepción grafica del mundo, de su propia visión del dibujar.

Como portadista realizó la ilustración de no pocos géneros literarios. Desde el clásico intocable, hasta la más simple de las narrativas. Lo que no significa que hablemos de calidad. Puesto que lo literario, enfocado desde una escala de valores de calidad, sólo nos lleva a ejercer un sistema de valores otro, a enjuiciar ideológicamente. Algo tan fugaz como el paso del tiempo y tan evanescente como la psiquiatría del interés. La creencia en últimas finalidades.

09-laurel-1955-n29

10-194s-el-fantasma-de-cant

11-ss280

12-ss280


Vengo a decir esto porque en las antologías de Freixas se suele caer en esa turbia fijeza de categorizar sus trabajos, debido a esa manía escolástica de dar lustre a un autor aupándolo en, justamente, esa escala de valores de la que venía hablando.

Porque una ilustración para “En busca del tiempo perdido”, perse, no es más importante y ni siquiera tiene por que ser mejor que otra para “Caída en el fango”. Por decir.

Así, a Emilio Freixas, le importaba tanto lo más ínfimo como lo mayúsculo; el folletín de perra gorda como ese libro que el burgués enseña a sus amistades como mostrando una factura.

Mira, pues, lector, esta baraja inconexa de unas portadas sin igual…