arte anónimo

Cuando un dibujante dibuja, suceden dos barbaridades. Una es, que sobre su mano el ofidio de la tradición piensa por si mismo y el oficio se posa como un tumor. Y es como si un realquilado los habitara. Lo que no deja de tener su gracia. La otra, ya no la tiene tanto, y es el amaneramiento, su domesticación en estilo.

No sucede nada de esto con el dibujante espontáneo, que sin la purga del oficio asoma a ese Mr. Hyde dibujante que todo el mundo lleva dentro. Dibujando para la nada, que es la única forma flamígera de dibujar. Afortunadamente, en el bolsilibro aparece el dibujante ocasional. Que, más que en el campo de lo artístico, entra de lleno en la psiquiatría conceptual.