ese oscuro objeto del sujeto

Para el objeto, como sujetos, somos ya una simple, vulgar emanación del mismo. Como un mal olor o exudación molesta.

Al objeto incontestable, el sujeto le es indiferente, incluso insignificante y puede que superfluo. Hoy es la presencia del sujeto lo que deja indiferente al objeto, y aquel ya no hace aquello que solía: tergiversarlo, dotarlo de su lectura de sujeto. Por lo que el objeto se ha separado de la tradición objeto-observador para ser.

Ya es el sujeto quien precisa ser observado para verse, notarse sujeto. Pues, sin objeto el sujeto se desconoce a si mismo.

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1948 / seguido de 1959 y 1961 con portadas de Emilio Freixas

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