la otra Alondra

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Los cristianos cuando se ponen a ganarse el cielo lo hacen a rajatabla. Por ejemplo, si ven que el pecado se propaga y extiende, lo combaten con sus propias armas. O eso pensarían cuando en 1955 amanecieron con la colección Alondra.

Ofreciendo al público lector una colección moralmente desinfectada con un racimo de nihil obstats que garantizaran su salubridad. Con bonitos títulos como “La madre coja”, “El último negrero” o este “Hogares de antaño” que, a más redundancia para ganarse el paraíso, estaba impreso en los Talleres Penitenciarios. Y así, de paso, redimían al malvado por medio del trabajo. Hasta su dibujante, del cual lo ignoramos todo, parecía cumplir alguna promesa penitencial.

Curiosamente, años atrás, en 1953, la editorial Bruguera había lanzado su propia colección Alondra. Y esta duplicidad no sabemos en qué quedaría.

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Portada del nº8 de la colección 1955 / ilustraciones interiores con el proceso de redención matrimonial a manos de un sacerdote / ramillete de sellos de garantía / el bonito logo de la editorial Coculsa.