de cuando las droguerías fueron quioscos

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La vajilla, esa especie de sagrado himen para el ama de casa de los cincuenta, balcón de su limpieza en tiempos de habladurías y suciedad, recibió un espaldarazo con la irrupción popular del lavavajillas. La mujer tenía que ser limpia.

Rapidez, confort y relax en botella.

Mistol aprovechó el tirón de la novela popular para introducirse en el hogar popular donde ya asomaban rudimentarias lavadoras, neveras sin el incordio de la barra de hielo y otras menudencias que ayudaron a la felicidad.

Mistol compró ediciones, restos de colección y, puso en marcha su propia colección de lectura para el hogar. Haciendo de la droguería una especie de quiosco; tal como éste, hoy, parece un bazar de objetos de todas clases. Y es que el quiosco siempre fue animal mutante.

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Ejemplar de la colección Mistol 1956, ilustrada por Tomás Porto / cuños en el interior de las novelas 1954 y 1958 / sello de adquisición de ediciones de 1956 / y publicidad de los años cincuenta.