M. L. Estefanía (2) una técnica ancestral

Es extremadamente raro que Estefanía desarrolle, ciñéndose a ello para enriquecerlo, un argumento tal como es común en los demás escritores de novela popular.

Suponemos que no es porque aborreciera este tipo de desarrollo literario: desarrollar una idea, una intriga, un argumento.

Un análisis de lo literario en Estefanía pasaría necesariamente por su método de trabajo. Y es, en definitiva, una consecuencia de él.

Imaginamos al bueno de don Marcial escribiendo a una velocidad de vértigo, continuamente, y sobretodo, seguido, sin muchas pausas, no sea que se olvide por dónde va (lo que le sucede no pocas veces). Ya que la inexistencia de un norte argumental podría hacerle perder “el hilo” de su narración en marcha.

Estefanía, simplemente escribía. Y no es extraño encontrar novelas en las que, debido a la extensión predeterminada por la editorial, le sonara la campana de un ir finalizándolas imponiéndose una conclusión precipitada, drástica muchas veces. Carente, pues, como consecuencia de lo expuesto, de sentido dramático.

Pudiéramos decir, así, que la narración estefaníaca es una continuada, ineludible, exposición de aconteceres. Cuyas motivaciones, digamos psicológicas no son expuestas. Y si a esto añadimos una carencia de adjetivaciones y de metáforas, el sentido de narración directa, in situ, se hace característica principal de su hacer.

Es obvio que la producción de M.L. Estefanía, debido a la gran aceptación por parte del público lector, era extremadamente stajanovista y las veleidades arguméntales, un rizar el rizo, no tenían cabida.

Así, las novelas e Estefanía son ejemplo extremo de un sistema de producción semanal que, sin un método adecuado, se tornaría imposible.

Y ese método no era otro que el ir escribiéndolas.

No se trata, pues, de una dejadez, sino de la técnica misma del relato episódico. Que se hace a sí mismo. Tan empleado por los folletinistas, y tan propio de la novela popular como del cuadernillo de historietas.

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Con portadas de José Curtiella 1966 / Bernal 1960 / Emilio Freixas 1965 / y Jaime Brocal 1966.