mujeres quebradas

Víctima de subliminal educación, a la mujer se la suele considerar como “otra cosa”, ajena, diametralmente diferente a esa magna generalidad que es “el hombre”.

Ya se nos antoja que las generalizaciones suelen acabar en expresión soez y falsa. Refugio, al fin y al cabo, de la propia miseria de quien generaliza. Por generalizado, el tratamiento que se le otorga a la mujer, despectivo y paternalista, suele pasar desapercibido para un lector macho también educado en esa diferencia. Incluso para no pocos autores pertenecientes a esa otra generalización que es “la izquierda”, la mujer sigue siendo “otra cosa”. Poco nos puede extrañar si el teórico por excelencia de este progresismo fue don Carlos Marx, cuyo trato y consideración a las mujeres, recordemos el ejercido sobre Jenny, su propia esposa, fue lamentable.

Pocos autores escapan en el bolsilibro, y en la literatura en general, en considerar a la mujer como un ser incapaz de vivir por sí mismo. Y en el caso que esto último suceda, su perfidia y maldad alcanza cotas que dificilmente alcanzaría un hombre. La mujer fatal, la mantis que castra.

En ellos, la mujer o es sumisa de antemano, es decir, delicada y protegible. O habrá que domarla, “quebrarla” (como se suele denominar en el género oeste), como a una yegua para que su domesticación la convierta en frágil y sumisa, dispuesta a la obediencia. Aquí, entonces, cuando una mujer está quebrada ya es capaz de amar verdaderamente a un hombre y, obviamente, agradecérselo.

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1956 2ªedición 1960 ( El propio Rolcest anota en esta novela que su primera edición fue en Búfalo Extra nº 39 del 24 de Septiembre de 1956, asi que no todo en esta colección, parece, era reimpresión de material de archivo) / Arizona 195? / Arizona, con portada de Longarón / y 1965 con ilustración de José Curtiella.