el futuro es el pasado

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Está dicho que el cerebro es una máquina que se atiene a los datos que ya almacenó; con ellos confecciona un presente que hubiera podido ser otro con datos diferentes. Así, nuestro edificio mental de la realidad es circunstancial.

Sin los datos de un futuro por llegar lo único que nos interesa es el pasado. Y cuando imaginamos lo prístino nos atenemos a nuestro propio origen. Allí, anulamos el tiempo y, en cierto modo, paseamos por el paraíso. Que no es otro que el seno materno, allá donde el dato original modeló las emociones.

En la exploración interplanetaria a veces nos topamos con aquel pavor primigenio que ya se vivió en lo amniótico poblándolo de dinosaurios. De la naturaleza ajena.

Si el simio nos atrae por ser el propio espejo, el dinosaurio nos aproxima a lo prenatal, a cuando éramos sin serlo y estábamos a su merced. Al horror.

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Las tres primeras portadas corresponden a la colección Luchadores del Espacio, y fueron dibujadas por José Luis Macías, Ibáñez y Lanzón. Sigue un ejemplar de Espacio-El Mundo Futuro, que ilustró Chábril.

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