el cursi, la nena, su padre y un premio

…….

La gente hace toda clase de anotaciones en los bolsilibros.

Debe ser porque en el hogar del urbanita no hay lápiz ni papel (salvo en el escusado)… si acaso los fascículos encuadernados de una enciclopedia, que no se rayan porque no se tocan. Así que, uno se pone poético en esas dos primeras y virginales páginas de los bolsilibros.

Los signos que podemos encontrar en uno de ellos hacen placer la tienda de cambio; es como aquello de Lázaro: se levanta y vive.

Supositorios de tiempo con olor a naftalina y… a grandes pasiones un tanto cursis, equívocos sicalípticos, extrañas deudas y un beso. ¡Ay!, de carmín esperanzado.

¿Qué libros, que no sean los escolares, contienen tantos secretos?