M.L.Estefanía (1) héroes airados

Un patológico sentido de clan adorna al héroe de las novelas Estefaniacas. En éstas, la modernidad del héroe solitario y atormentado nunca es un planteamiento. Y su protagonista, generalmente, pertenecerá a una comunidad con un morboso y talibánico sentido grupal que asoma reminiscencia de una realidad concebida en sentido castrense.

Sus protagonistas, pues, pertenecen a grupos sin fisuras. Lo que justifica sus acciones, les da categoría y las bendice civilmente (es clara la ausencia de apostolado cristiano en sus novelas).

Amparado en esta pertenencia de horda, el héroe justificará sus atrocidades, tomándose siempre la justicia por su mano. Son pues redentores airados, restablecedores de un orden ejecutado sumariamente. Tipos con un exacerbado sentido de su verdad gregaria.

Porque las novelas de Estefanía son restauraciones sumarias de una moral civil en las que no cabe la sutileza de la ley, que estorba, cuesta dinero y muchas veces no castiga al malvado. Estamos pues en un eterno estado de excepción, donde el mal se extirpa al instante. En España mismo.

Entre camaradas protagonistas, las orgías de venganza alcanzan delirantes consecuencias sanguinarias. Se afanan y pastan el ellas con tremenda lubricidad. Son seres de una pieza, enfermos, dañados por una ira vengativa que jamás se detiene. Su escenario es la masa civil, los faltos de espíritu, que también obtendrán su papel, de coro, para aplaudir al final. En el mundo real del lector de entonces, además, ofrecian coreografías en el Santiago Bernabeu.

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Por orden : 1967, portada de Miguel García / 1966 de José Curtiella / 1962 / y 2ª (1970)y
3ª edición (1977) de “El sistema de la cuerda”