el porvenir en el bolsillo

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La lógica aplastante de que un lector de novela popular no tenía porvenir, nos la demuestra la sagacidad del publicista al insertar este tipo de reclamo en los bolsilibros. Eran unas hojitas sueltas y plegadas en el interior de la novela que asomaron a finales de los cincuenta provocando en el lector cierto remordimiento por perder el tiempo tan lastimosamente mientras el dinero se paseaba ante sus narices.

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Publicidad de 1959 / 1961 / 1961 / 1964 / y 1967.