la mirada nostálgica

La nostalgia hace una fotografía de la realidad de su entonces elevándola a medición de lo bueno y de lo malo. Y es sintomático que en la novela popular la descripción documental y realista sea centro de sus juicios de valor.

Para la nostalgia la descripción es valor imprescindible, basal. Y, si además, va unida a psicologismo en personajes e historicidad en lo narrado, el modelo de lector decimonónico se nos presentará en todo su esplendor. Así, la realidad se resume en enumeración de sus objetos de inventario.

En aquella la naciente novela popular la novedad de lo narrado, su exotismo y marginalidad, hacen necesaria su descripción, el retrato de su ambiente que, literariamente virgen, aún posee carga dramática. No sólo sitúa, también informa.

En esta fase las montañas de Oregón, el detalle de un bajel pirata o la enumeración de los pastos y reses que posee un ranchero son todavía aspectos dramáticos por su misma excentricidad. Mas el cliché de estas descripciones, su convención tras su repetición constante, llegan a tipificarse como elementos de género para perder su valor de adjetivación dramática y tornarse referencial.

Cuando esta abstracción se produce el género ya habla con su propia gramática, está construido y es lenguaje definido. A partir de ahora la redundancia descriptiva apenas posee valor dramático y es sólo situacional. Entonces lo prolijo es paja narrativa.

Todo género tiende al esquema, a un propio lenguaje sintético y ecuménico. A su propio manierismo haciendo género del género.

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En los inicios del folletín el plano general en sus portadas le es imprescindible. En las últimas fases del bolsilibro la tendencia hiperrealista es evidente y ya lo narrativo en sus portadas son estilemas de género.

Portadas de: Lord Lister, conocido por Raffles el Rey de los Ladrones / Lucha de Razas, Pieles Rojas contra Blancos / Servicio Secreto, con ilustración de Bosch Penalva y / Colección Búfalo, con portada de Miguel García.

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