la novela popular : ese cadáver

pulp-200.jpgEse olor a cuadra que desprenden los bolsilibros, almacenados en los tugurios de los misteriosos cambistas, las humedades y la fauna microscópica que ha desnaturalizado su papel, es el aroma del tiempo cuando se impregna de novela popular.

Porque la novela popular es eso, olor de olores, aromas que va corrompiendo el tiempo, transformándolos, al cabo, en mugre sólida. Una pulpa, una papilla orgánica que degenera en fluidos mortecinos, de cadáver.

La novela popular, como lo humano, está compuesta esencialmente de agua. Liquido que seca y bosta en el féretro de la tienda. Aquellas blanduras de muerto, del fallecido amigo, se tornaron osario seco, inhumación de restos, papel quebradizo, tinta evaporada. Porque la novela popular pierde su porosidad, su blandura de hoja jugosa, para tornarse rígida y olvidada. Cementerio.xpulp-035-250.jpg

Las distintas fases por las que la novela popular cae en el olvido tienen, a su vez, distintos olores. Habrá quien perciba hedor y hay quien aroma, dependiendo de las narices mentales del lector.

La nariz no es otra cosa que una prolongación del cerebro, un pseudópodo psíquico que husmea lo que cree realidades y percepciones externas. La nariz, así, es un valor ético y moral, una concepción del mundo.

Cuadra y establo, el añejo olor de la horda primigenia, recuerdo de ancestrales vivencias levemente civilizadas.

Todas las cuadras huelen a eso, a consumación. La vida misma: la prodigiosa belleza de la decadencia y la podredumbre descrita por dos pesetas.

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algunas muestras de cadáveres de bolsilibro.

Por orden: Bisonte ???/ Colección Comandos ???/ Amapola ??? con portada de Emilio Freixas.

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