13 Rue del Percebe

Mientras avanzan nuestras manos hacia la contraportada de Tio Vivo comenzamos a sentir que cierto caos nos adentra en un laberinto neuronal. Vamos a asistir a una explosión.

Ante 13 Rue del Percebe la sensación es de ruido. Escuchamos un variado y enorme ruido. Y no son otros que todos esos ruidos domiciliarios a los que se habitúa el ser domiciliado. Es el sonido de los vecinos circundantes, sus gritos, los ecos, el silencio roto, los propios ruidos…todos esos ruidos que se introducen en los domicilios como huéspedes, ya tan familiares como el animal de compañía.

Ruido y movimiento. Pero ese movimiento turmix que todo lo mezcla. Así, la página en nuestras manos  acabará salpicándonos. Tanto lo deseamos que procedemos a su lectura. Porque no eramos pocos los que leíamos la contraportada en primer lugar.

Movimiento orgánico que afecta a toda la página. Y movimientos que engarzan el edificio otorgándole particularidad. Y la suma de movimientos de las viñetas-chiste, produciendo una verdadera historieta de una sola viñeta. Y el primer concepto que teníamos de una miscelánea de chistes se diluye. Se trata de una historieta. Montada con multiplicidad de elipsis. Una historieta que se lee en todas direcciones. Unas tiras amontonadas, las de cada domicilio, que sólo nos dejan ver su última viñeta. Una historieta que se amontona. Una rara especie. Persistencia minimalista que Ibáñez agrupa.

Son las iteraciones de sus motivos, y no su estructura, las que le confieren su carácter de página de historieta. Y será en lo mínimo, en los minúsculos chistes de adorno donde Ibáñez concibe la página como tal. En realidad la grandeza que percibimos está precisamente en el diseño de su maqueta. En su persistente iteración semanal que lo serializaba.

De todo esto, 13 Rue del Percebe, a partir de los elementos que lo constituyen (los chistes de personaje y las iteraciones estructurales) asoma un microcosmos que engarza una página de historieta donde el tiempo, su transcurso, queda abolido. Y es sólo un instante, una instantánea, la que nos mostrará la acción de la historieta. Una acción de acciones inmersa en un todo único. Las mismas habitaciones del inmueble no representan sino viñetas de múltiples historias que aquí se desarrollan en profundidad, emergiendo del interior del domicilio que no vemos, ancladas en la última viñeta frontal de su devenir. Ya no en la horizontalidad que le es propia al común de las historietas.

A veces, Ibáñez, por medio de catástrofes enlaza varios de estos mundos-habitación para mostrarnos el horror de la invasión de sus intimidades. Y cuando estos mundos resultantes se producen es cuando Ibáñez es más metafísico y lo absurdo se materializa en la violación de la intimidad. El gran horror.

Ningún personaje aquí es capaz de relacionarse humanamente con otro. El primigenio Yo infantil, el Ego en su abrupta forma, es la espoleta del mismo chiste que, semana a semana, va tejiendo Ibáñez. Las biografías apócrifas que se consiguen leyendo, uno tras otro, el suceso de un solo domicilio nos conducen al original dominio de la voluntad y del deseo, en un enjambre en el que cada personaje busca su propia supervivencia. En un mundo hostil, un mundo de pillos. Con la moralidad vital de los truhanes.

Lo absurdo de la vida lo presenta Ibáñez de forma descarnada, a menudo cruel. Modelo de Escuela Bruguera, donde la crueldad de la vida habita en un mundo tan cruel como la vida misma. Porque en 13 Rue del Percebe nos encontramos en el mundo de lo incontenido, universo sin dimensiones donde la ley del deseo es aquí la elemental vida diaria, su continua autoafirmación. La representación de una realidad sin leyes mentales, done toda oración puede suceder, y de hecho sucede. Así, nada es creíble porque todo es posible, y lo posible, que ya lo es todo, carece, así, de valor. La verdad y la mentira son sólo supervivencia aquí… Pues en 13 Rue del Percebe todos sus personajes superviven, e Ibáñez nos ofrece una instantánea del momento más trágico y absurdo de cada supervivencia diaria.

El pesimismo, pese a su volcánica comicidad es, en 13 Rue del Percebe, profundo. Ni siquiera una araña será redimida de representar lo humano en lo absurdo de su horror.

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13 Rue del Percebe. Francisco Ibáñez. Asoma en Tío Vivo en 1961.

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