Lluvia en Technicolor




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Ahora que la Gripe A nos acecha (también a las enfermedades, como a todo lo que concierne a nuestra vida, han llegado los mercaderes obligando a rebautizarlas) bueno será apropiarse de su antídoto por lo que pueda suceder: el Technicolor. Aquella cosa de colorines contrastados que auspiciaban la felicidad.
Así, el Technicolor tuvo sus reinas, de un glamour vociferante, barroco, sin más pretensión que ofrecernos una psicodélia sin efectos secundarios dignos de mención (que se sepan).
Antídotos, potentes, contra esta gripe: “El Halcón y la Flecha” del señor Jacques Tourneur (1950) con Virginia Mayo y el señor Lancaster sonriendo todo el rato para bajarnos la calentura. “La Esclava Libre” con una Ivonne de Carlo pre-Munster que resulta tener sangre negra en el río de sus venas. Ésta del fundamental Raoul Walsh (1967). En cuanto a Maria Montez, aquí perdió la Z, veamos con algarabía “La Reina de Cobra” en un modélico Technicolor que sana al instante. Y para acabar la cosa, por si alguna nausea nos persiste, dejémonos chapotear por la señorita Esther Williams y sus Berkeleyanos caleidoscopios en “Escuela de Sirenas” de George Sydney como eficaz lenitivo.

Puedo dar fe de lo que usted dice: mis última último acceso de fiebres tercianas remitió instantáneamente tras visionar dos veces seguidas La Reina de Cobra.
Doy fe de lo que usted dice: mi último acceso de melancolía reumática curó casi por completo tras dos visionados seguidos de La Reina de Cobra. Infalible.
Aun recuerdo sus infusiones en Technicolor en los tejados de su Desván…