colecciones : mujeres marcadas



Si a mediados de los cuarenta comienza una paulatina modernización argumental en la novela romántica, olvidándose, entonces, de un decimonónico mundo plagado de príncipes y realeza, duendes y especimenes de la alta sociedad sofisticada… para adentrarse en los avatares de la clase media. Será en los setenta cuando el moralizador relato burgués agote su credibilidad al haber cambiado el público lector.
Ya la mujer de los setenta se cuestiona la sociedad patriarcal. Los medios de comunicación plantean la cuestión dejando a un lado lo moral para proclamar las nuevas costumbres que irán cimentando la sociedad de consumo. Y amparada en su creciente independencia económica, ve lícito exigir el fin de su oblativa represión.



Así, en 1970, la editorial Bruguera lanza la colección “Mujeres Marcadas” promocionándola como…”una colección Distinta en la que sólo tienen cabida obras de gran densidad dramática, debidas a las plumas de los más célebres autores”
Esta interesante colección se adentra, pues, en el escabroso tema de la mujer que no ha buscado en el hogar su paz espiritual, en la cabaretera, en la mujer que sufre el gran vacío moral motivado por su emancipación, en la pecadora…y también, ahora, el argumento se tizna de otros géneros. Así, la aventura, el relato policial o el de terror, adornan nuevos argumentos amorosos para resolver las preguntas de la lectora hacia las nuevas costumbres amorosas.
De la sencillez del dogma pasamos al maravilloso mundo de las tormentas morales que surgen en la sociedad española de los setenta. Y todo, por el módico precio de diez pesetas una vez cumplidos los 18 años. Dos rombos.
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Portadas de 1972/1972/1973 ilustradas por Alberto Pujolar
y 1973 de Jorge Sampere / 1974 y 1974 de Alberto Pujolar
Colección Mujeres Marcadas. Editorial Bruguera. 1970














Maravillosa colección que desconocía por completo, y que empalma con todo un género que va del Manon Lescaut del abate Prevost a los folletones tipo “Abandonada en su noche de bodas” o “Vendida en la flor de su juventud”. Creía, ingenuo de mí, que tal avatar había desparecido en los años cincuenta…
…la mala yerba nunca muere, señor Abuelito…